Cicloturismo: Como ser feliz sobre dos ruedas

 

Agarrar la bici, ponerse a pedalear, pasar el rato, matar el tiempo sobre este vehículo de dos ruedas puede ser una actividad medianamente placentera. Si eso se combina con un buen grupo de gente, un objetivo saludable en común, risas, mates, charlas y la posibilidad de descubrir nuevos caminos y lugares a los que uno quizás nunca se hubiera animado a transitar, se convierte en una tentación irresistible para quienes buscan algo diferente.

Lo que un día fue la Peña de Cicloturismo que se juntaba en, como no podía ser de otra manera, el Club Ciclista, se transformó en lo que hoy se conoce como el grupo de Cicloturismo de San Cayetano. Un proyecto que naciera de las ganas de Andrés Agel y Analía Stefano hace ya cuatro años y que congrega todos los fines de semana a un nutrido grupo de personas (en total son unos 50) que quieren pasarla bien.

En palabras de su organizador “el grupo de la peña por diferentes razones se había ido disgregando pero hace unos siete años la municipalidad hizo un evento a la Estancia San Juan en el que se juntó mucha gente y eso nos motivó a enchufarnos otra vez”.


 

La cita obligada durante todo el año es los sábados a las 14 horas en la puerta del Museo del Tren. Lo único que los acobarda un poco es la lluvia, molesta si las hay en eventos como estos. Y hasta las 17 no hay quien los pare, salvo que se pinche un neumático. Un par de minutos de mano dura y a rodar de nuevo.

Los domingos, cada mes y medio hacen lo que ellos llaman “salidas con mochila”, en las que cada uno lleva su viandita y su equipo de mate para pasar la tarde. La camaradería es esencial para el grupo. No es solo practicar un deporte que cualquiera podría hacer en solitario, sino también hacer amigos y desenchufarse de los problemas de la vida cotidiana.

Si bien no todos pueden seguir el ritmo de los más experimentados, nadie se queda atrás. Los principiantes transitan de 20 a 25 kilómetros por sábado y los que ya la tienen clara, no bajan de los 50, que tranquilamente pueden ser muchos más.

 

 

Aburrirse no es una opción, porque casi nunca pisan la huella que dejaron la vez anterior. Así sus aventuras sobre dos ruedas han conocido lugares como el Balneario de San Cayetano, Defferrari, Claromecó, Necochea, Puente Blanco, las Termas de Médano Blanco y hasta Sierra de los Padres recientemente.

Muchas veces han invitado a gente de otros lados, como los grupos de cicloturistas de Necochea, González Chaves o Tres Arroyos pero siempre con la excusa de armar salidas con un fin solidario, como hacer un almuerzo a beneficio de la Escuela Especial.

Improvisación cero. Todo está muy bien planeado para garantizar que las excursiones sean placenteras para todo el grupo. Las medidas de seguridad son condiciones que no se negocian: circular por la derecha (tratando de evitar las rutas), casco obligatorio, cámara de repuesto y por supuesto el elemento principal, bicicleta medianamente en condiciones. Hasta tienen hecho el curso de RCP (Reanimación cardiopulmonar) que nunca fue necesario ponerlo a prueba, pero no está de más.

 

 

En las travesías más lejanas llevan siempre una o dos camionetas de apoyo con enganches y se van turnando entre los que manejan y los ciclistas para que nadie se quede mucho tiempo sin pedalear.

Lejos de ser un ejercicio que solo puedan practicar los jóvenes, en el grupo mixto ha habido personas desde 15 hasta 87 años, como es el caso de Alfredo Montero, quien comenzó con una bici inglesa y ahora se animó a la mountain bike como el resto de sus compañeros, rodándola más de 80 kilómetros hasta el Balneario. Integradora por naturaleza, han tenido acompañantes a chicos con capacidades diferentes y a personas con diabetes a las que les hace muy bien este tipo de actividad.

Las bicis están listas, engrasadas y prestas a partir para esos “locos” que sábado a sábado se animan por los insondables caminos de la aventura y la amistad.

 

Nota realizada por Gabriel Piacquadío-



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