El «Gallego» Montenegro tiene una calle que lleva su nombre

 

Con una gran mostración de afecto de parte  y un acto desarrollado frente al Bar “Ranense” quedó impuesto el nombre de Héctor Montenegro a una de las calles Barrio “Las Ranas”, uno de los lugares con mayor identidad de nuestra ciudad.

 

 

El día previo al Día del Amigo, se eligió para oficializar el homenaje al querido “Gallego”, sin duda uno de los próceres urbanos de San Cayetano, que tendió su mano en innumerables ocasiones para los vecinos que solicitaban su ayuda.

 

 

Sin grandes anuncios previos, el encuentro fue organizado por el exintendente (1983-87) y actual concejal por la Unión Cívica Radical, Juan Carlos Marlats y alrededor de las 17 hs, el popular punto geográfico sinónimo de amistad y fútbol amateur se pobló de autoridades, amigos entrañables, familia y gente que conoció al homenajeado.

 

 

Las frases que se escucharon entre el público eran similares: “el Gallego daba hasta lo que no tenía”; “fundió un almacén porque fiaba hasta a los desconocidos”; “nunca tuvo un problema con los amigos”, entre lágrimas y sonrisas que espontáneamente surgían con sólo nombrar al mítico personaje que detrás de algún mostrador celestial estará sonriendo.

 

 

El concejal del Frente para la Victoria, Miguel Carrizo, le hace entrega de una copia de la ordenanza de la imposición del nombre de la calle a Fabián Montenegro, uno de los hijos de Héctor Montenegro.

 

 

Guitarra y canciones, sinónimo de bar y amistad. El recuerdo a través del folklore que siempre estaba presente en las reuniones del mítico bar que llevaba adelante el «Gallego».

 

 

Miguel Pardo, vecino que acercó la inquietud de nombrar la calle, contó anécdotas del barrio y se refirió a Héctor Montenegro. 

Los sancayetanenses cuentan con un ejemplo más de un hombre de corazón abierto, del valor de compartir la lucha y las adversidades. Humildad y compañerismo fueron las cartas del juego de barajas de la vida, no siempre fácil. La trasnochada como espacio de tiempo donde la amistad se afianza, el vino alivia las penas y las historias hacen más llevadera la rutina del trabajo.

Los trofeos de Ranense salieron de las cajas, se desempolvaron para recibir a las visitas y los chicos preguntaron por las viejas glorias deportivas de un barrio admirado por el resto de la ciudad por la calidez de su gente y el coraje en las canchas del fútbol amateur.

 

 

Luego de la informal ceremonia, evocando grandes festejos que no se olvidan, la calle se cortó para dar paso a un brindis entre los presentes.



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