
En emotivos actos, con la presencia del Intendente Municipal Migue Gargaglione, funcionarios, familiares, amigos y comunidad educativa, hoy por la tarde se impusieron los nombres de las ex docentes “Juanita Martín” a la calle paralela a Italia y España, entre Avenida Sargento Cabral y 1º de mayo, (Barrio Escuela N° 2); y “María Angélica Almeida de Hauri”, a la calle paralela a Almirante Brown y Avenida Sargento Cabral, entre Ugarte y Sarmiento (Barrio Escuela N° 19).
Estas dos calles de nuestra ciudad, llevan el nombre de dos docentes radicadas en San Cayetano por iniciativa del Honorable Concejo Deliberante, aprobada por Ordenanzas N° Nº 2.636 y 2.637/16.

Tras dar lectura de las Ordenanzas de imposición de nombre y hacer entrega de copias a familiares de las docentes, el presidente del Honorable Concejo Deliberante, Juan Carlos Marlats inició cada acto resaltando la decisión adoptada de homenajear a quienes tanto han hecho por San Cayetano.

“Continuando con una línea de acción tendiente a homenajear, reconocer, recordar a vecinos que hicieron historia en los distintos ámbitos en los que desarrollaron su actividad, y como ya lo hicieron otros Concejales en los diferentes años que cumplieron su mandato cuando nominaron a Juan Claudio Magnin, Hernán Apezteguía, Justo Girado, Miguel Vinuesa, Primo Ignacio Colombo, Jacobo Fiderksen, Humberto Sampayo, Héctor Montenegro, Rafael Chiaradía, todos ellos varones, por eso hoy queremos además de reconocer a las maestras, a la mujer sancayetanense tan importante para el desarrollo de nuestro Partido.
Elegimos estas dos mujeres porque son historias de vidas paralelas, casi similares: jóvenes, título de docente bajo el brazo quienes vinieron a San Cayetano hace más de 80 años, y se quedaron acá, desafiando las distancias que los separaban de sus familiares queridos. Se pusieron de novio, se casaron, tuvieron sus hijos y las dos fueron familias numerosas…y fueron maestras, directoras, tuvieron ese don de conocer las necesidades de cada uno de sus alumnos, grados numerosos en espacios reducidos. Hoy con gran satisfacción damos cumplimiento a esta Ordenanza”, afirmó Marlats.

Y allí, en el barrio de la Escuela Nº 2, fue Thelma Martín quien recordó a su madre Anita Aniceta Salvadores “Juanita Martín”, nombre impuesto hoy a la calle paralela a Italia y España, entre Avenida Sargento Cabral y 1º de mayo.
“En un día de otoño en la década del ‘20, llegó a esta localidad una joven de 23 años de edad, quien había sido designada para cubrir el cargo de docente, cargada de ilusión y también con mucha curiosidad por conocer la idiosincrasia de un pueblo muy pequeño.
Nacida en la ciudad de La Plata, había perdido a su mamá a los 3 años de edad; siendo criada por su tío quien le dio la oportunidad de estudiar, viendo la capacidad e inteligencia que tenía para hacerlo, ella abrazó la carrera de docente pues era su sueño, ya que siempre tenía presente la responsabilidad de formar a los niños que serían el futuro del país.

Es así como llegó a integrar parte del cuerpo de docentes de la Escuela Nº 15, donde pasó el mayor tiempo de su carrera como maestra de grado, pasando a ser un poco la “psicóloga”, compañera y madre de muchos alumnos, los cuales algunos tenían 17 años de edad, por lo tanto se convirtió en esa persona carismática que les ayudaba a resolver muchos problemas personales.

Con el correr del tiempo y cuando ya su escalafón estaba en condiciones para su ascenso, fue nombrada directora de la Escuela Nº 11 “Escuelita de Casares”, como se la conocía por los vecinos de esta población, la cual estaba ubicada en zona rural, dado la distancia en que se situaba; calles de tierra que en los días de lluvia se anegaban y era muy difícil llegar a clase. Ella, conociendo su obligación por asistir, se trasladó con toda su familia al barrio de la misma. La escuela contaba solamente con tercer grado, luego los alumnos que no podían llegar a las escuelas centrales quedaban con sus años escolares trunco. Entonces, escuchando a su corazón, solicitó a la Dirección General de Escuelas la autorización de crear el grado siguiente, desde ya que le dieron el sí, y fue ella quien se hizo cargo del mismo. Sin bacilar puso en marcha el 4º, luego el 5º y hasta el 6º grado, completando así el ciclo escolar primario.

Más tarde luchó por el edificio de la misma, ya que se trabajaba en casas familiares porque la escuela contaba con un solo salón. Después de muchas idas y venidas con los gobiernos de turno, logró que se construya el edificio donde hoy funciona la Escuela Nº 2.

Esta es un poco la síntesis de cómo luchó por lo que tanto amaba, su vocación de docente, esto es lo que hoy le sirve de pedestal para el monumento imaginario en su memoria; gracias a Dios aún hoy muchos de sus alumnos la recuerdan con cariño y respeto, sobre todo por algo que la distinguió siempre: su honestidad, humildad e inteligencia para vivir en una sociedad que muchos veces esos valores no son frecuentes. Ella, además de tantos alumnos a quien les dio de beber esos valores, fue una excelente madre que crió a sus seis hijos con humildad pero dándoles como ejemplo el reflejo de su vida.

Esta joven se llamó Anita Aniceta Salvadores, “Juanita Martín”.

Trasladados a la Escuela Nº 19 se procedió a imponer el nombre de “María Angélica Almeida de Hauri”, a la calle paralela a Almirante Brown y Avenida Sargento Cabral, entre Ugarte y Sarmiento.

Allí, Marlats recordó a María Angélica Almeida de Hauri (Queca), quien recién recibida de maestra llegó desde su Gualeguaychú natal, para afincarse en nuestra ciudad. Formó familia, crió sus cinco hijos y dedicó su empeño, su esfuerzo, su saber, a su querida Escuela Nº 1 ex Lainez, hoy Escuela Nº 19; primero como docente y luego como directora. Sus alumnos se nutrieron de sus enseñanzas y modeló a sus maestras con su experiencia y conocimiento.

La jubilación anticipada y sin previo aviso, si bien dolorosa, no hizo mella en su carácter y a través del Consejo Escolar continuó colaborando para lograr una mejor calidad educativa. Supera esa etapa se volcó de lleno a la creación y funcionamiento de la Escuela Especial Nº 501.

Luego fue el turno de Thelma Riega, compañera en la docencia de María Angélica Almeida de Hauri, quien dio lectura a una semblanza que prepararon Graciela y María Angélica, hijas de Queca.
“Una mujer como muchas, como tantas, con la simplicidad de los humildes y la grandeza de quien tiene el amor y el desinterés como herramienta de trabajo. Una vida como tantas, dedicada a su vocación de mujer creada para amar y darse sin límites.
Una MADRE como tantas, que supo hacer de su hogar un verdadero nido de paz, con la ternura hecha gigante y sus manos finas y alargadas primero, callosas al final, nunca quietas, aunque sí…a veces muy juntas en el gesto místico del rezo o en el sencillo acto de sostener un libro.

Una mujer como tantas, que encontró en su misión para ella sublime, de ser MAESTRA el alimento espiritual de su existencia. Que llegara un día muy jovencita procedente de su amada Gualeguaychú segura y valiente, para nuca irse de este pequeño lugar al que desde el principio quiso entrañablemente y en el que formó su familia junto al hombre que la cautivó.
Una mujer que vio crecer su escuela entregándole el alma y sintiendo como propios a los hijos de otras mamás que los dejaban en sus manos; que iba y venía quitando horas a su propio descanso para poder dar lo máximo, y a la vez atender a quienes en su hogar le reclamaban y mostraban su descontento cuando a menudo decía: “hoy vuelvo más tarde, tengo reunión”. Cientos de alumnos, de muchos de los cuales recordaba sus nombres aún en los últimos años…y aquella tristeza enorme cuando la jubilación no esperada, la alejó de lo que tanto amaba, y entonces evitaba pasar por la vereda de su escuela para no romper en llanto.

Una mujer como tantas que vio crecer que vio crecer y volar a sus hijos y que aprendió a multiplicarse para atender a los nietos e inventar mil cosas distintas para entretenerlos y quererlos, y quererlos y quererlos…tanto y tanto que aún hoy ellos siguen nombrándola como si aún estuviese aquí.
Una mujer como tantas que se comprometió con su pueblo y supo tender una mano siempre, donde pudieran necesitarla. Una mujer que cada día elegía cobijarse bajo la mirada amoroso de la Virgen María de la cual era devota.

Una mujer que decía: “aprender a vivir significa aprender a ser bueno, tolerante, laborioso y solidario; aprender a vivir significa aprender a mirar al mundo que nos rodea con ojos limpios, optimistas y alegres; aprender a vivir significa aprender a encontrar en este mundo el sumo de la belleza y la bondad”.

Una mujer como tantas…una mujer especial.” Agradecimientos y anécdotas narradas por ex alumnos de las docentes mantuvieron cautivos a un público que, entre sonrisas y lágrimas, asentían lo escuchado como signo de aprobación y sentimientos compartidos.

En cada ocasión, y como cierre de los actos, el intendente Miguel Gargaglione junto a Juan Carlos Marlats y familiares de Juanita Martín y María Angélica Almeida de Hauri descubrieron el cartel indicador de ambas calles.


Prensa Municipalidad de San Cayetano.
