Familia Ortiz: Tres nietos continúan con el legado ganadero iniciado por su abuelo quequenense

Cuando se nombra a nuestra región, se la suele asociar a los atractivos naturales y el turismo. Sin embargo, el principal motor económico de la zona continúa siendo desde hace décadas la producción agropecuaria.

Los campos de la región, tanto los que se utilizan para la agricultura como los ganaderos, tienen en muchos casos historias familiares que entrelazan a distintas generaciones. Es el caso por ejemplo del «Santa Helena», establecimiento ubicado en San Cayetano pero con fuertes raíces necochenses.

En diálogo con Diario Necochea, Belén Ortiz, tercera generación a cargo del establecimiento ganadero, contó la historia del lugar y su innovadora cadena de producción. Belén señaló que el camino del «Santa Elena» comenzó de la mano de su abuelo Ernesto Ortiz, conocido por sus seres queridos como Don Coco y su esposa Elena, quien inspiró precisamente el nombre de la propiedad.

Ernesto era oriundo de Quequén y tenía barracas en la ciudad ribereña, pero se dio cuenta que el negocio del cuero natural tenía los días contados ante la aparición del cuero sintético. En ese marco, decidió vender la barraca y comprar el campo en San Cayetano alrededor de 1965.

Desde un primer momento, el lugar apuntó a la producción ganadera. La familia Ortiz continuó viviendo en Necochea, pero viajaba todas las semanas al campo a ponerle el cuerpo al trabajo, primero encabezados por Coco y luego algunos años más tarde por su hijo Marcelo, quien directamente se fue a vivir al Santa Elena, se casó y crio allí durante sus primeros años a sus hijos Federico, Lorena y Belén.

Tras el fallecimiento de Marcelo, el Santa Elena pasó a manos de la tercera generación de Ortiz. «Somos tres, pero en realidad somos uno«, explica Belén, para graficar el nivel de unión que tienen y que se refleja en la división de tareas, cada uno conforme a su especialidad. Belén gestiona el establecimiento, vive allí y se encarga de la cría, recría y engorde a corral. Federico, licenciado en comercio exterior, se encarga de la gestión administrativa y financiera del emprendimiento. Por último, Lorena está al frente de una carnicería ubicada en Necochea, comercializando la carne producida en el Santa Helena.

Con este sistema, se garantiza un circuito de producción sin intermediarios, que impacta positivamente no solo en el precio sino también en la calidad de la carne. «Yo sé la trazabilidad de los animales desde que llegan, sé de donde vino o qué día se vacunó, los conozco. Entonces sabemos el animal que llega al mostrador, no es que salimos a comprar y no conocemos ni siquiera que ración nos dieron o cuanto tiempo de encierro tuvo».

Por otra parte, Belén remarcó entre las diferencias generacionales o enfoques que fueron cambiando a lo largo de los años, el trato con los animales. Belén cuenta por ejemplo que tenía discusiones con su padre, porque llamaba al veterinario por situaciones de las vaquillonas, algo que las generaciones ganaderas anteriores veían como un desperdicio de dinero. «Yo quiero que mientras estén en nuestro campo, los animales no sufran. Le doy un enfoque más amable y consciente al trato, para que el animal esté tranquilo, porque así laburás bárbaro».

Finalmente, Belén resumió lo que significa para ella continuar con el legado familiar. «Lo heredamos, pero lo continuamos. Para nosotros no es solo producción, es nuestra historia, es de donde venimos. Cada rincón del campo cuenta una historia, de mi padre, de mi abuela o de nosotros«.

Gentileza:
Simón Franco – www.diarionecochea.com

 

 



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