
En el marco de la semana de la Lucha contra el Uso Indebido de Drogas, el CPA de San Cayetano envía un artículo sobre el tema que inicia:
"…La reducción de daños es una política de salud que apunta a la disminución de las consecuencias negativas del consumo de drogas, a diferencia de la política llamada de abstinencia que se dirige exclusivamente a la disminución del consumo de drogas…"
Estas consecuencias, estos daños, pertenecen tanto al campo de lo social: marginación, criminalización, estigmatización como al campo de la salud: infecciones varias, hepatitis, sobredosis y fundamentalmente el SIDA. Indudablemente estos daños se potencian unos a otros.
Este modelo se define a partir de la imposibilidad actual, transitoria o permanente, de evitar el uso de drogas y del reconocimiento del derecho del sujeto a continuar con él y la necesariedad de minimizar el daño que dicho consumo produce en el sujeto y/o en otros.
Se han venido haciendo cada vez más evidentes en los últimos tiempos las problemáticas ocasionadas en los sujetos drogadependientes no ya por el consumo de drogas en sí mismo, sino por las características de dicho consumo. Los datos epidemiológicos confirman que la transmisión sanguínea del HIV ha aumentado en Argentina (42%), Uruguay (33%) y Brasil (29%) a expensas del uso compartido de los equipos de inyección entre los drogadependientes.
Además de las infecciones y enfermedades asociadas al consumo intravenoso, es de señalar las connota¬ciones sociales de la drogadependencia; marginalidad, articulación con la problemática de los “chicos de la calle”, criminalización, estigmatización, prostitución que dan la mayor visibilidad social al problema de la droga en Latinoamérica. El modelo de reducción de daños es de esta manera, tanto una política social como una política de salud.
Esta concepción reconoce la existencia de consecuencias negativas del consumo de drogas, consecuencias que no son por tanto la drogadependencia y que se muestran en el área de la salud y en lo social. Se dibuja aquí una otra axiología ( escala de valores).
Si para la concepción que sostiene al modelo de abstinencia es la droga la causa de la drogadependencia y es esta su consecuencia negativa, para esta nueva con¬cepción la droga es el objeto de una práctica de consumo de un sujeto y depende de las condiciones en que el sujeto realice dicha práctica, la naturaleza de sus consecuencias.
Pero la reducción de daños abarca también la educación e información. Por una parte de los usuarios sobre las formas de desinfección de los equipos de inyección, riesgos de sobredosis, efectos de las drogas y formas seguras de inyección. Por otro lado, de la comunidad general para evitar la marginación de estos sujetos y su consiguiente distanciamiento del sistema de salud.
Incluye también el trabajo de calle para establecer contacto con la mayor cantidad posible de usuarios de drogas y la implementación de instituciones asistenciales públicas abiertas, con objetivos intermedios, dispuestas a escuchar y tratar a las personas estén o no abstinentes de drogas.
Los mitos sobre la droga
En primer lugar la asociación ya mencionada entre consumo de drogas y muerte, a través del concepto de “tendencias autodestructivas” y de la articulación entre uso compartido de los equipos de inyección y conducta ordálica y en segundo lugar la articulación entre droga y HIV/SIDA, donde se sitúa a la droga en un orden de causalidad independientemente de la vía de administración de la misma.
Los miedos a la legalización
Una de las más significativas razones de la desconfianza en el modelo de reducción de daños se halla en su supuesta relación con la legalización de la droga y la frecuente injusta acusación de “hacer apología de la droga”. Esto, en realidad encubre el temor a que este modelo ablande las políticas legislativas en la materia y se constituya en una vía regia a la legalización, en tanto se sostiene que toda intervención que no se dirija a la abstinencia favorece e incentiva el consumo.
Contrariamente a lo que suele suponerse, el modelo de reducción de daños puede o no ser sostenido desde una política de legaliza¬ción de las drogas. La LIA (Liga Internacional AntiProhibicionista) habla de "aprender a drogarse", pero también variadas Organizaciones No Gubernamentales en el mundo defienden los derechos de los consumidores de drogas -y no sólo los derechos de los consumidores de drogas a las drogas- situando entre ellos al saber sobre los riesgos que este consumo implica.
No obstante, diría que las excepciones confirman la regla y este modelo es dificilmente compatible, con la penalización del consumo de drogas (o digamos mejor que si se hace compatible con ella, es no sin dificultades y problemas). Justamente este modelo debe tener por objetivo paliar también los efectos negativos de la misma. Reducción de daños implica necesariamente también reducción de los daños sociales y subjetivos relacionados con la penalización de la tenencia para consumo personal.
Entre los daños a reducir figura la criminalización; evitar la transformación de un consumidor de drogas, o de un drogadependiente en un delincuente. Por tanto no se trata solamente de riesgos en cuanto a la salud como en la sobredosis o el HIV/SIDA por ejemplo, si no también en cuanto a lo social.
Aunque muchos no acuerden en que la legalización del cultivo, producción y comercialización sea la solución, sin embargo, muchos de quienes sostenemos los principios de la reducción de daños consideramos que es indiscutible que los mayores y más perjudiciales daños son los ocasionados por la prohibición misma y no por las drogas.
¿No es tiempo acaso de develar la cuestión y analizar seriamente cúal sería la forma de implementar programas de cambio de jeringas con mayor efectividad y menores obstáculos?. Para ello es necesario modificar ciertas representaciones sociales, paso ineludible para lograr la necesaria aceptabilidad social de los mismos.
Si interrogamos al discurso hegemónico que circula en este sentido, encontramos que el consumo de drogas independientemente de su vía de administración se ha constituído en conducta de riesgo en sí misma, pero además, "potenciadora de tendencias autodestructivas","desencadenante de actos suicidas", “determinante de conductas promiscuas". Este discurso se sostiene en el imaginario de que es la droga (cualquiera sea: cocaína, marihuana, alcohol…) la responsable de las conductas de riesgo o arriesgadas de un sujeto, encubriéndose la dimensión de la responsabilidad.
El Psicoanalisis nos aporta el concepto de "responsabilidad subjetiva" que nos permite pensar que no es la droga la causa de la drogadependencia, como no lo es de la infección por el virus de inmunodeficiencia humana, pero que tampoco puede considerarse a las condiciones en que un sujeto se inyecta la sustancia, omitiéndolo a este.
Este cuarto mito es un reflejo especular del primero y también enmascara el quid de la cuestión: el sujeto y su posición ante la droga, ante los riesgos, ante la vida y la muerte.
Mitos sobre la educación y la información
La educación pensada como recurso de este modelo, tiene dos facetas. Por un lado la educación e información del sujeto que consume drogas y por otro lado de la comuni¬dad en general en cuanto a intentar modificar el imaginario social dominante que estigmatiza a los sujetos drogadependientes, lo que justifica una lógica de exclusión, que los aleja también del sistema de salud. La educación e información del usuario de drogas se refiere a los efectos de las drogas y las “formas seguras de inyección” y a evitar compartir los equipos de inyección y las formas de desinfección de los mismos.
Con frecuencia la población no adicta sitúa en su discurso a la información sobre la "adicción segura" como incentivo de la misma. En este sentido es importante señalar que los ex-adictos coinciden en este imaginario con el de la población general. Son aquellos cuya abstinencia es más un efecto de sugestión o control (logrado por ciertos sistemas terapéuticos de deshabituación o sistemas de desintoxicación física exclusivamente), que un efecto de un trabajo subjetivo en torno a las problemáticas ligadas a la droga. Este discurso se puede nombrar como "miedo al contagio" y se repite tanto en cuanto a distribuir información como en cuanto a distribuir jeringas. (Inchaurraga, 1995).
De esto pueden deducirse dos cosas. La primera, que no puede establecerse una relación directa entre este imaginario y las con¬ductas de los sujetos, o sea entre pensar que eso puede inducir al consumo y que en realidad lo induzca. Lo segundo, que lejos de invalidar la utilización de estrategias de prevención del SIDA basadas en el modelo de reducción de daños en adictos por vía endovenosa, advierte sobre sus límites a la vez que justifica la necesidad de que la misma sea aplicada justamente en dicha pobla¬ción y en base a las particularidades de la misma (lenguaje, códigos, imaginario social).
Inchaurraga S. (1999) “La reducción de daños en Argentina: Necesidades, mitos y obstáculos” en “Drogas y políticas públicas. El modelo de reducción de daños” Ed. CEADS-UNR, en prensa.
