
Los fieles que piden, los que agradecen, o ambas cosas, depositan en el Santo Patrono del Trabajo la esperanza de Paz, Pan y Trabajo. Es por eso que, como cada 7 de agosto, San Cayetano es venerado en nuestra ciudad, que cuenta con el privilegio de llevar su nombre.

Tras la primera misa pasada la medianoche, y la dedicada a los trabajadores a las 9 de la mañana, el almuerzo de los feligreses se adelantó para llegar a la rotonda de acceso a la ciudad alrededor de las 13:30. Luego de unos minutos de esperas, donde colaboradores iniciaron el reparto de pancitos que luego serían bendecidos, comenzó la procesión por la Avenida Apezteguía encabezada por los Bomberos Voluntarios.

La imagen del santo, que durante el año se ubica en la nave de la Parroquia, es transportada sucesivamente por devotos que junto a los peregrinantes, marchan en oración predisponiendo su corazón para la celebración central.

Al llegar al Pasaje Jacobo Fidersek, que recuerda al sacerdote que estuvo al frente de la Iglesia local, la multitud se desvía para arribar al Hospital Municipal donde en esta oportunidad el Padre Matías Pardo bendijo al personal que hizo un parate en sus labores para, en representación de los trabajadores de la salud, para ver pasar por unos instantes al Santo seguido de sus fieles.
Retomando la Avenida y su continuación de Independencia, la marcha se detuvo un momento con los abuelos del Geriátrico Municipal y luego llegó al frente de la Parroquia para compartir la Misa de campaña junto a los que esperaban allí.

El presbítero marplatense José Martínez presidió la misa, en representación del obispo de Bahía Blanca Guillermo Garlatti; concelebraron el Padre Pablo Deiro, de la parroquia local; Matías Pardo, sancayetanense que es Párroco en Guaminí; Román Bustinza, de La Dulce, y los diáconos Francisco Sola y José Luis González.

Asimismo, invitó a los presentes no solo a mirar el rostro de Cristo, sino lo que mira y cómo lo hace. “Mira a los pobres, a los abandonados, a los enfermos, Cristo mira al otro con misericordia, y nos invita a abrirnos al otro. Tengan la mano tendida al pobre, no le den la espalda al que llora, comparte la aflicción con el que sufre, no dejes de visitar el enfermo porque con tales obras te harás amar y serás también testigo de la presencia de Dios” señaló.

Por último, tras elogiar “a todos aquellos que hicieron posible construir un pueblo con venas y corazón religioso”, realizó una especial bendición a “las manos que nos trajeron al mundo, las manos que reciben la vida y no la rechazan para destruirla, las que nos enseñaron a escribir, a caminar y a sostenernos en la vida. Benditas sean las manos de todas aquellas personas que saben rechazar el soborno y el negocio, las que honran la nobleza y rechazan el pecado, el egoísmo, el robo y la mentira. Hoy estamos aquí con las manos extendidas porque sabemos que hay un incendio, que está quemando por dentro las familias, el diálogo y la amistad”, finalizó.

Sobre el final de la Misa, se escuchó el mensaje que el Papa Francisco envió a los peregrinos de San Cayetano en Liniers, que se aplica a quienes veneran al Santo en diferentes puntos geográficos.

La reliquia de San Cayetano es elevada por el Padre José Martínez para la bendición de los panes.

Al concluir la Misa, los asistentes a la misma se llevaban como recuerdo las espigas que ornamentaron el altar.
