
A través de las Ordenanzas Nº 2.636 y 2.637/16, el Honorable Concejo Deliberante de San Cayetano impuso los nombres de las docentes “Juanita Martín” y “María Angélica Almeida Hauri” a dos calles de la ciudad.
Debido al crecimiento edilicio de la ciudad existen calles que aún no tienen denominación, lo cual imposibilita la ubicación de los vecinos en sus domicilios legales.
El nombre de las calles es reflejo de la identidad de los ciudadanos, geografía de la memoria de la ciudad, una memoria dinámica y en transformación como lo hace la propia ciudad.
Dos arterias que no poseían nombre eran las ubicadas en el barrio de la Escuela Nº 2, paralela a calle Italia y España, entre Avenida Sargento Cabral y 1º de mayo; y en el barrio de la Escuela Nº 19, calle paralela a Almirante Brown y Avenida Sargento Cabral, entre Ugarte y Sarmiento.
En homenaje a cientos de maestras que han pasado por las aulas de las instituciones educativas mencionadas, el HCD rescató a dos de ellas para que representen a toda la comunidad educativa.
Esas docentes con vocación, firmeza, responsabilidad, compromiso y mucho amor, imprimieron su sello particular en la comunidad educativa de ambas escuelas.
Es por ello que el Honorable Concejo Deliberante, por iniciativa de los concejales de la UCR, estableció la imposición de los nombres “Juanita Martín” y “María Angélica Almeida de Hauri” a las arterias cercanas a la Escuela Nº 2 y 19 respectivamente.
Una vez confeccionados e instalados los carteles correspondientes se realizarán actos públicos invitando a familiares, amigos, comunidad educativa y autoridades municipales. Con estas palabras el presidente del HCD, Juan Carlos Marlats recordó en la última sesión ordinaria, a las dos docentes.

En un día de otoño en la década del ‘20, llegó a esta localidad una joven de 23 años de edad, quien había sido designada para cubrir el cargo de docente, cargada de ilusión y también con mucha curiosidad por conocer la idiosincrasia de un pueblo muy pequeño.
Nacida en la ciudad de La Plata, había perdido a su mamá a los 3 años de edad; siendo criada por su tío quien le dio la oportunidad de estudiar, viendo la capacidad e inteligencia que tenía para hacerlo, ella abrazó la carrera de docente pues era su sueño, ya que siempre tenía presente la responsabilidad de formar a los niños que serían el futuro del país.
Es así como llegó a integrar parte del cuerpo de docentes de la Escuela Nº 15, donde pasó el mayor tiempo de su carrera como maestra de grado, pasando a ser un poco la “psicóloga”, compañera y madre de muchos alumnos, los cuales algunos tenían 17 años de edad, por lo tanto se convertió en esa persona carismática que les ayudaba a resolver muchos problemas personales.
Con el correr del tiempo y cuando ya su escalafón estaba en condiciones para su ascenso, fue nombrada directora de la Escuela Nº 11 “Escuelita de Casares”, como se la conocía por los vecinos de esta población, la cual estaba ubicada en zona rural, dado la distancia en que se situaba; calles de tierra que en los días de lluvia se anegaban y era muy difícil llegar a clase. Ella, conociendo su obligación por asistir, se trasladó con toda su familia al barrio de la misma. La escuela contaba solamente con tercer grado, luego los alumnos que no podían llegar a las escuelas centrales quedaban con sus años escolares trunco. Entonces, escuchando a su corazón, solicitó a la Dirección General de Escuelas la autorización de crear el grado siguiente, desde ya que le dieron el sí, y fue ella quien se hizo cargo del mismo. Sin vacilar puso en marcha el 4º, luego el 5º y hasta el 6º grado, completando así el ciclo escolar primario.
Más tarde luchó por el edificio de la misma, ya que se trabajaba en casas familiares porque la escuela contaba con un solo salón. Después de muchas idas y venidas con los gobiernos de turno, logró que se construya el edificio donde hoy funciona la Escuela Nº 2.
Esta es un poco la síntesis de cómo luchó por lo que tanto amaba, su vocación de docente, esto es lo que hoy le sirve de pedestal para el monumento imaginario en su memoria; gracias a Dios aún hoy muchos de sus alumnos la recuerdan con cariño y respeto, sobre todo por algo que la distinguió siempre: su honestidad, humildad e inteligencia para vivir en una sociedad que muchos veces esos valores no son frecuentes. Ella, además de tantos alumnos a quien les dio de beber esos valores, fue una excelente madre que crió a sus seis hijos con humildad pero dándoles como ejemplo el reflejo de su vida.
Esta joven se llamó Anita Aniceta Salvadores, “Juanita Martín”.

María Angélica Almeida llegó a San Cayetano como maestra recién recibida, procedente de la ciudad de Gualeguaychú de la cual era oriunda, en el año 1933 cuando nuestro pueblo con sus calles de tierra y pasos de piedras en las esquinas comenzaba a crecer. En mayo de ese año comenzó a formar parte de la historia de la Escuela Nacional Nº 1 (hoy Escuela Nº 19) la que también estaba dando sus primeros pasos e iría a través de los años cambiando de lugares físicos pero conservando su esencia y su calor. Desde que comenzó como maestra al frente de 1º grado con 40 alumnos, hasta su desempeño en cargo directivo desde el año 1949, su vida estuvo dedicada de lleno a esta escuela a la que amó profundamente.
Una mujer como muchas, como tantas, con la simplicidad de los humildes y la grandeza de quien tiene el amor y el desinterés como herramienta de trabajo. Una vida como tantas, dedicada a su vocación de mujer creada para amar y darse sin límites.
Una mujer que vio crecer su escuela entregándole el alma y sintiendo como propios a los hijos de otras mamás que los dejaban en sus manos; que iba y venía quitando horas a su propio descanso para poder dar lo máximo, y a la vez atender a quienes en su hogar le reclamaban y mostraban su descontento cuando a menudo decía: “hoy vuelvo más tarde, tengo reunión”. Cientos de alumnos, de muchos de los cuales recordaba sus nombres aún en los últimos años…y aquella tristeza enorme cuando la jubilación no esperada, la alejó de lo que tanto amaba, y entonces evitaba pasar por la vereda de su escuela para no romper en llanto.
Una mujer que decía: “aprender a vivir significa aprender a ser bueno, tolerante, laborioso y solidario; aprender a vivir significa aprender a mirar al mundo que nos rodea con ojos limpios, optimistas y alegres; aprender a vivir significa aprender a encontrar en este mundo el sumo de la belleza y la bondad”.
Una mujer como tantas…una mujer especial.”
