“Están en algún sitio / concertados
desconcertados / sordos
buscándose / buscándonos
bloqueados por los signos y las dudas
contemplando las verjas de las plazas
los timbres de las puertas / las viejas azoteas
ordenando sus sueños sus olvidos
quizá convalecientes de su muerte privada
nadie les ha explicado con certeza
si ya se fueron o si no
si son pancartas o temblores
sobrevivientes o responsos
ven pasar árboles y pájaros
e ignoran a qué sombra pertenecen”.

Con este fragmento del poema “Desaparecidos” de Mario Benedetti, y ante la presencia de autoridades municipales, instituciones educativas, sociales y vecinos comenzó el acto por el Día Nacional de la Memoria por la Justicia y la Verdad, llevado a cabo en horas de la mañana en Plaza América.

Acto seguido, la Inspectora Jefe Distrital, Amalia Cosentino y Silvana Suárez (hermana del desaparecido sancayetanense José Luís Suárez) acompañaron al Intendente Municipal Miguel Gargaglione a izar el pabellón nacional; la Presidente del Consejo Escolar, Rosana González junto al Secretario Técnico, Luis Pérez y el Secretario de Gobierno, Manuel Sampayo hicieron lo propio con el Bonaerense; mientras que el Distrital fue izado por el Presidente del HCD Juan Carlos Marlats, el Director de Hospital, Ricardo González y el concejal del FpV, Miguel Olano..
Seguidamente, la concejal de la UCR Marisa Doladé, fue el encargado de referirse a la fecha.
“VERDAD, MEMORIA Y JUSTICIA…
VERDAD, porque debe ser el fin último deseable de todo país que merezca ser vivido. MEMORIA, porque es la facultad por medio de la cual se retiene y se recuerda el pasado. JUSTICIA, porque es una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. Recordamos hoy que un 24 de marzo de 1976 se instaló en el país una dictadura militar que hirió de muerte a las instituciones republicanas y sesgó la vida de decenas de miles de argentinos, pero que fue echada, para nunca más volver.
El caos económico, la crisis de autoridad, las luchas facciosas, la muerte cotidiana, la acción de las organizaciones guerrilleras, el terror sembrado por la Triple A, todo ello creó las condiciones para que la mayoría de la sociedad aceptara un Golpe de Estado que prometía restablecer el orden y asegurar el monopolio estatal de la fuerza. El camino elegido fue el de la represión sistemática, realizada desde el Estado. Fue una acción terrorista, en la que al secuestro acompañaba el saqueo de la vivienda, convertida en botín. Lo que seguía era la tortura física, que se prolongaba en la psicológica: que consistía en sufrir simulacros de fusilamiento, asistir al suplicio de sus amigos, hijos o esposos, comprobando que no había nadie que se interpusiera entre la víctima y el victimario.
El cuadro se completaba con la degradación de las víctimas, malheridas y sin atención médica ni sanitaria, permanentemente encapuchadas y mal alimentadas. Muchas detenidas embarazadas dieron a luz en esas condiciones, para ser luego despojadas de sus hijos, de los cuales en muchos casos se apropiaban sus secuestradores. Para la mayoría el destino final era el “traslado”, es decir, su ejecución. Todas las ejecuciones fueron clandestinas. En la mayoría de los casos los cadáveres se ocultaban, enterrados en cementerios como personas desconocidas, quemados en fosas colectivas que eran cavadas por sus propias víctimas antes de ser fusiladas, o arrojadas al mar luego de ser adormecidos con una inyección. De ese modo, no hubo muertos, sino “desaparecidos”.

El escritor argentino Rodolfo Walsh, en una carta acusatoria dirigida a la Junta de gobierno y que le costara la vida decía: “… lo que ustedes llaman ACIERTOS, son ERRORES, los que reconocen como ERRORES son CRÍMENES y lo que omiten son CALAMIDADES.”
No tengamos miedo de llamar a las cosas por su nombre. Se trató de un verdadero genocidio. La comisión que las investigó documentó nueve mil casos, pero indicó que podía haber muchos otros no denunciados. Eran en su mayoría jóvenes, entre quince y treinta y cinco años. Algunos pertenecían a las organizaciones armadas, otros eran militantes de organizaciones políticas y sociales, dirigentes gremiales de base, sacerdotes, intelectuales, abogados relacionados con la defensa de presos políticos, activistas de organizaciones de derechos humanos, y muchos otros, sólo parientes de alguien, o nombres aparecidos en una agenda o en la mención en una sesión de tortura. Desaparecieron además las instituciones de la República. Los partidos y la actividad política toda quedaron prohibidos. Se sometió a los medios de prensa a una explícita censura. Sólo quedó la voz del Estado, dirigiéndose a un conjunto atemorizado de habitantes. Hasta el proyecto económico era terrorista. Endeudó el país hasta límites desconocidos. Hasta aquí los hechos, irrefutables, comprobados, juzgados y sentenciados.

¿Resulta necesario recordarlos una y otra vez? Por supuesto que sí. Necesitamos oírnos y contar las historias vividas, necesitamos hablar del pasado para cambiar nuestro futuro. Es necesario entonces que los jóvenes conecten la violencia del ayer con la violencia del hoy para lograr un compromiso personal con la lucha por la vigencia plena de los derechos humanos.
Y esto significa que en el momento de recordar no nos quedemos sólo contemplando el pasado como una película triste, satisfechos de conmovernos porque eso muestra que somos seres compasivos y sensibles. Tratar estos hechos como observadores casuales no nos va a preservar de la reiteración de modelos autoritarios, porque fundamentalistas habrá siempre y estos volverán si no encuentran oposición en las generaciones que no recuerden lo que ese pasado significó y las consecuencias que produjo. Nuestra tarea es construir la memoria colectiva a partir de un consenso compartido por quienes se identifican con la Argentina como comunidad política democrática. Y seguramente, desde estos valores democráticos, que no son los valores del pasado, construiremos una Argentina mejor”.

Finalizando el acto, Silvana Suárez junto al Intendente Gargaglione colocaron una ofrenda floral frente al monolito que recuerda a quien fue víctima de la dictadura militar.
Prensa Municipalidad de San Cayetano.
