
"Que la tristeza de haberlos perdido, no empañe la alegría de haberlos tenido", plantea el lema del grupo Renacer de San Cayetano. Consideran que no se trata de llorar y vivir de recuerdos, hay que andar. Esta tarea genera la posibilidad de generar actos solidarios y extenderle la mano a quien lo necesita.
Renacer es un grupo de ayuda mutua para padres que comparten una de las experiencias más dolorosas de la vida: la pérdida de sus hijos. Así se reúnen con el propósito de enfrentar el dolor y aprender del dolor, otorgándole un sentido. El único requisito para formar parte es el deseo de recibir y de dar ayuda. Renacer no está afiliado a ningún partido político, religión, secta, organización o institución. "Nuestro objetivo primordial es recuperarnos de nuestro dolor y ayudar a otros a alcanzar la paz y serenidad", explican en la entidad.
Es una escuela de vida, una obra de ayuda, amor y esperanza, donde es posible trascender el dolor, crecer y surgir con más fortaleza, solidaridad y compasión, para vivir una vida digna y plena.
La búsqueda es clara. Intentar elaborar los miedos, la autocompasión, la ira, el resentimiento, las culpas, la angustia y todos aquellos sentimientos que dañen; buscar el crecimiento espiritual, aprender a comprender, evitar el aislamiento y ponerse en actividad desde la solidaridad, proponerse estar bien o mejor por el día de hoy.
Algunos de los integrantes del grupo Renacer San Cayetano visitaron nuestra redacción. Ellos son Marcela Ottaviano, Natalia Rosviar y Mario Bustamante. Estuvieron acompañados por dos mujeres tresarroyenses que están rearmando el grupo local: Silvia Ramírez y Rosana Fierro.
Fortaleza
Marcela Smoulenar de Ottaviano es quien, como consecuencia de la pérdida de dos de sus hijos, decidió enfrentar todo y armar en su pueblo Renacer San Cayetano.
Contó su experiencia desde la esperanza. "Renacer en San Cayetano tiene ya más de un año. Empecé yendo a Tandil, por las circunstancias que he debido afrontar -explicó-. Primero falleció mi hijo de dos años y después partió Cristian con toda su familia, eran seis. En Renacer encontré la fortaleza para seguir dando, pero como siempre sostengo, dando desde el amor que nos dejaron nuestros hijos y el que sentíamos por ellos y comprometidos siempre con el servicio".
Movida por el deseo profundo de ayudar al otro, Marcela le otorgó relevancia a "comprometerse en hacer por el otro, que nada empañe la alegría de haberlos tenido, de haber compartido con los hijos la vida. Alguien tiene que ser la muleta en el hogar, en la casa; porque si uno se cae se cae la familia, hay otros hijos, está la casa y los seres queridos".
Expresó su satisfacción por el apoyo que recibió en San Cayetano, porque "el pueblo se brindó entero en el momento que lo necesitamos. Ahora el deber que tenemos como papá y como mamá es brindarnos hacia la comunidad. Fui convocando a gente que estaba en la misma situación que mi familia y así nos fuimos armando. Hace muy poco me llamó de acá (en referencia a nuestra ciudad) una mamá desesperada y así empezamos a conformar este grupo en Tres Arroyos". En este sentido, recordó que "Silvia llamó desesperada, al no saber que hacer ni que camino tomar. Enseguida nos organizamos con varios padres y viajamos para ver de que manera podíamos ayudarla".
Para obtener una capacitación se concretan talleres. "Abarcan diversos temas como ausencias, desapego, optimismo, ego, creatividad. Es a través de esas prácticas que vamos elaborando el duelo (su hijo y su familia fallecieron en un terrible accidente automovilístico). En realidad uno se va inclinando a ver de que manera puede ayudar a otros padres y ahí se resignifica el dolor, al compartirlo y después darlo en actos solidarios. Muchos se preguntan como podemos seguir y la fuerza nos la dan nuestros hijos", afirmó.
Marcela puntualizó que "uno puede buscar la orientación, pero después es necesario hacer el propio camino. No hay recetas mágicas para el duelo, no hay un té para el dolor profundo. Es volver a empezar a caminar, igual que un chico, paso a paso".
Describió el testimonio en un taller de "una madre que dijo que habían violado a su hija y ella perdonó a quien lo hizo. Perdonar es sentir paz en el corazón. Eso me hizo sentir algo muy fuerte y es verdad, porque sólo perdonando podemos seguir viviendo y honrando a nuestros hijos".
Por último, subrayó la actitud que adoptan. "No es llorar y vivir de recuerdos, hay que andar y Renacer nos da la posibilidad de generar actos solidarios, darle la mano a otro que lo necesita. De eso se trata", concluyó.
En todo el país
Mario y Natalia Bustamante perdieron a tres de sus hijos. Relataron que "Marcela vino a vernos. Sabía lo que nos había pasado y la verdad que nos sentimos muy bien. Fundamentalmente por esto de ayudar al otro, al prójimo".
El grupo es abierto y "puede acercarse quien lo desee. Empezamos a caminar y a ayudarnos; de eso se trata Renacer, cuando yo te puedo ayudar a vos y vos a mi".
Indicaron también que "los grupos, que los hay por todo el país, comenzaron en Córdoba, en Río Cuarto, hace más de 20 años, a partir de la dolorosa experiencia de Gustavo y Alicia Berti. Nos vamos extendiendo a partir de las inquietudes de uno o de algunos y así seguimos".
Según puntualizaron, "cada Renacer hace su propia historia. Tiene que ver con la propia idiosincrasia del lugar. Existen en todo el país; en la zona están en Gonzales Chaves, Necochea, Miramar, Coronel Dorrego y ahora Tres Arroyos".
Consideraron importante "que la gente sepa que no nos juntamos a llorar. Aprendemos a desprendernos del dolor propio, porque a partir de la pérdida de un hijo se aprende a vivir de otra manera. Hay que aprender a respetar al otro y sus decisiones, porque muchas veces la sociedad condena, no respeta".
Aprendizaje
Silvia Ramírez, de Tres Arroyos, perdió una hija. Florencia tenía 20 años y se suicidó. Contó que sentía que lo "único que hacía era echarme culpas, buscar respuestas. Todos mis amigos y mi familia estaban preocupados por mí, porque no tenía consuelo, no tenía fuerzas para enfrentar nada".
Su acercamiento con Renacer tuvo lugar a través de Internet, ya que "mis amigas que buscaban mil salidas para mí se encontraron con la existencia de Renacer San Cayetano y así los llamé e inmediatamente vinieron. Comencé a asistir a los talleres en Buenos Aires".
Dijo que "aunque no todos lo entiendan, en Tres Arroyos -por ejemplo- nos cuesta abrirnos hasta para pedir ayuda, para decir que sufrimos. Enseguida ponemos rótulos, marginamos, buscamos culpables y nos llenamos de vergüenza. Tenemos que sacarnos la careta, respetarnos más a nosotros mismos, al dolor del otro, no prejuzgar. Ese aprendizaje es el que hacemos hoy en Renacer, aprender a perdonarnos y a perdonar".
"Limpiar su nombre"
Rosana Fierro perdió a su hijo Máximo Lauría el 24 de junio de 2007, como consecuencia de una afección en su salud, que también generó un cuestionamiento a profesionales médicos. El caso fue llevado ante la Justicia, que no encontró responsabilidad en los doctores acusados. "Siento que están ensuciando a mi hijo. Falleció y hoy dicen que fue consecuencia de la droga y yo se que el no estaba metido en esas cosas, una madre se da cuenta", expresó.
Por ello, planteó que "lo que me queda y lo que deseo por encima de todo es limpiar el nombre de mi hijo para que descanse en paz. Se hicieron todas las pericias en La Plata y dieron negativo. Uno sólo quiere justicia".
Rosana planteó que "viví la marginación cuando organizamos la primera marcha por Maxi, era simplemente en silencio alrededor de la plaza y tuvimos que dejar de hacerlo porque Tres Arroyos no se juega, se esconde y vive para y por el que dirán, entonces todo es mucho más difícil. Eso es algo que también tenemos que aprender como pueblo".
Entre otras apreciaciones, sostuvo que "cuando hicimos la marcha de velas nos enteramos que en Tres Arroyos existió un Grupo Renacer. Esperemos poder contactarnos y así aprender de la experiencia de ellos. También sabemos que hay una plazoleta que lleva el nombre del grupo".
Fuerza
Se levantaron y se despidieron. Con las miradas vidriosas algunos de ellos mostraron las fotos de sus hijos, que llevan en el celular o en un pin colgado del pecho. Sus hijos, jóvenes eternos, que desde esas sonrisas les dan la fuerza para que la vida siga valiendo la pena ser vivida y entonces, sólo entonces, el vacío y la impotencia se transforman en un acto de amor: dar al otro. Es el otro el que logra el milagro de que el sol vuelva a salir y desde el abismo más grande cada uno de esos padres renace y vuelve a sonreír.
El primer grupo en Tres Arroyos
En abril del año 1995, un grupo de padres tresarroyenses crearon el Grupo Renacer. En un primer momento su punto de reunión fue la Biblioteca Campano, para luego continuar en el salón de los Bomberos Voluntarios. También ellos, al igual que lo hizo el matrimonio Berti en 1988, movidos por el dolor inmenso de la pérdida de un hijo, buscaron reunirse para transformar esa pena en trabajo hacia y con los otros.
Asistieron a reuniones en diversos puntos del país para así formarse y poder ayudar a otros familiares en la misma situación que ellos atravesaron. Se comprometieron con la comunidad participando de múltiples actividades con fines solidarios.
El 10 de agosto de 1997, en un predio ubicado en Solís y León, plantaron árboles en lo que fue el primer avance hacia el logro de una plazoleta. Finalmente, el 26 de abril de 1998, los integrantes del Grupo Renacer dejaron inaugurada una plazoleta que lleva ese nombre en avenida del Trabajador y 1º de Mayo.
El valor de dar lo mejor
Transcribimos un fragmento de una carta de Alicia y Gustavo Berti, fundadores en Río Cuarto del primer grupo Renacer, el 5 de diciembre de 1988. Fue el origen de una iniciativa que abarcó a nuestro país, Uruguay, Paraguay, Chile, Panamá, México y España
"(…) Hay dos maneras de ver a Renacer, una es como un lugar donde pueden ponernos una mano en el hombro y abrazarnos y decirnos que saben lo que es esto, que nos comprenden, y eso sirve pero no alcanza, como suponemos que ustedes lo habrán experimentado; la otra manera de verlo es como un lugar al que vamos a dar algo nuestro para mantener latente el recuerdo y la memoria de nuestros hijos, y si ustedes eligen, como lo ha hecho la inmensa mayoría de padres a quienes le hemos hecho este planteo, la segunda opción, entonces es cuando se plantea una pregunta crucial, tan importante que puede cambiar por completo la vida de quienes aceptan el desafío: Si vienes al grupo a dar algo tuyo en memoria de tu hijo ¿Qué vas a dar? Todos los padres, sin excepción, expresaron "lo mejor". ¿Y qué es lo mejor? "Amor", fue la respuesta. En ese instante se dan cuenta que las emociones intensas, características de los primeros tiempos, tales como la tristeza, pena, lamentos, culpas, odio, desesperanza, etc., empalidecen, pierden razón de ser, ante la profundidad del amor.
"¿Acaso no te das cuenta que lo único que puedes dar en nombre de tu hijo es amor?
Los padres descubren que, a pesar del dolor, el amor no ha muerto, y ante la invitación a dar ese amor en nombre de los hijos, deben asumir la responsabilidad de hacerlo, por los hijos que no están, por los que nos rodean y finalmente por nosotros mismos, porque si la vida aún espera algo de nosotros, es porque aún tenemos mucho para hacer. Se recupera el sentido de la autovalía.
"Si llevamos el planteo sobre nuestras emociones y sentimientos al plano de la psicología o la psiquiatría para tratar de analizarlas o encontrarle una respuesta estamos en problemas, pues sencillamente no la hay. No importa cuán diligentemente la busque, simplemente en ese plano no hay respuestas. Si esto les resulta difícil de aceptar ha de ser suficiente con entrar al blog de Renacer y ver los comentarios de los padres, la mayoría de los cuales permanecen ahogados en medio de emociones y sentimientos negativos. No se vislumbra una salida.
"Si ahora retomamos el concepto de asistir al grupo como una manera de mantener latente el recuerdo de nuestros hijos, vemos que cuando priorizamos el amor y decidimos darlo en homenaje a esos hijos, todos los sentimientos y emociones negativas pierden razón de ser".
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