
La investigación “Escolaridad, Trabajo y Proyecto de Vida. La entrada al mundo adulto y los factores de riesgo y protección en el consumo de drogas en adolescentes de 15 a 18 años en AMBA y Provincia de Buenos Aires” se llevó adelante entre los meses de enero y diciembre de 2010, con el objetivo de indagar la relación entre escuela, trabajo y proyecto de vida dentro del enfoque de los factores de riesgo y protección en el consumo problemático de drogas.
En esta segunda parte, se presentan los factores que llevan a la desescolarización, agrupados en tres grandes ítems: la moratoria social, la cuestión afectiva y la vagancia.
La idea de abandonar la escuela y la percepción de riesgo
En este panorama, donde la vulnerabilidad social de los alumnos es parte de su vida cotidiana, el abandono escolar aparece como una amenaza que acecha desde varios frentes.
Dejar la escuela no siempre es abandonarla en forma definitiva. En realidad, hay trayectorias zigzagueantes de entradas y salidas, de abandonos y de vueltas que están determinadas por diversos factores. En relación con las situaciones asociadas a la deserción, aparecen momentos críticos (muertes, accidentes, separaciones). Existen indicios para sospechar que la escolarización es muy sensible a la red afectiva que logren armar en la escuela y, especialmente, a la capacidad de los adultos para brindar estabilidad emocional.
Resulta importante complejizar los factores que llevan a la desescolarización. De acuerdo a lo relevado entre nuestros entrevistados, podemos visualizar que hay múltiples causas que pueden llevar a abandonar la escuela, pero que en grandes términos podemos agrupar en tres ítems: la ruptura de la moratoria social, la cuestión afectiva y la vagancia.
La ruptura de la moratoria social
La ruptura de la moratoria social y la entrada a la adultez: aquí el embarazo resulta un motivo primordial, dejando la escuela para cuidar al niño, en el caso de la madre, o “parar la olla”, en el caso de muchos de los padres adolescentes.
En esta línea se encuentra también como motivo de abandono, el convertir en “variable de ajuste” (López, 2001) al adolescente dentro de un entramado adverso de la economía familiar, que lleva a los padres a tomar la decisión de que su hijo abandone la escuela para colaborar en el sostenimiento familiar. Esta última no aparece en nuestras entrevistas como posibilidad sino que, dado que son chicos y chicas escolarizados, lo que abunda en los discursos de los adolescentes es que los padres apoyan, y en general obligan a los hijos a terminar la escolaridad. Sin embargo, podemos ver en algunas de las entrevistas que refieren casos de amigos, vecinos o conocidos que ante una situación crítica debieron recurrir a esta salida como “variable de ajuste”.
E: ¿Qué cosas ponen en riesgo que uno siga en el colegio?
– La joda.
E: ¿Qué quieren decir con joda?
– Callejear, estar con los amigos, salir los fines de semana, salir todos los días de noche, tomar con los amigos.
– La junta.
-Las necesidades de la casa, si en una casa hace falta la plata. Ahora hay un límite de edad en cualquier trabajo de 35, 40 años; si un padre o una madre pasa ese límite de edad no pueden trabajar.
– Tienen que ayudar en la casa, y dejan el colegio y empiezan a trabajar.
(GF, Mujeres, Moreno)
La cuestión afectiva
El detonante de la deserción es una problemática de vínculos familiares, como peleas entre los padres, situaciones de violencia familiar o enfermedades y muertes de seres muy próximos como padres, madres y abuelos.
– Yo tuve unos problemas familiares, mi papá se peleaba con el hermano, se cagaban a palos; después mi mamá se peleaba con mi papá todos los días entre ellos. Yo decía que me iba a la escuela, pero me iba a la casa de mi tía. Estuve como dos meses viviendo en la casa de mi tía. No quería ir, no quería ir a la escuela, me había puesto en rebelde. Tres años repetí; en tercer año iba todos los días, pero vagueaba.
E: O sea que un año sí dejaste.
– Sí, repetí dos y dejé uno. Para mi mamá yo sí iba a la escuela, pero no iba.
(GF, Mujeres, Tandil)
La vagancia
La vagancia como estilo de vida o de “ser en el mundo”. El “vago” es el que ni estudia ni trabaja, el ni ni. Representa la causa de deserción más deslegitimada por los adolescentes escolarizados. Es la causa que actúa como barrera de distinción entre “nosotros” y “ellos”. En cualquiera de las otras dos líneas causales de abandono, los adolescentes sienten que la fatalidad los puede alcanzar. Sin embargo, la vagancia supone un proceso de subjetividad que compromete de mayor modo la responsabilidad de la persona.
El “vago” es aquél que de algún modo “elige serlo”, la fatalidad decae frente al lugar que va tomando el voluntarismo, o mejor dicho, la falta de voluntad, de compromiso y de interés en general. “El vago solo quiere estar en la calle” y esa vagancia es la que lo llevará a la “mala vida”, que los adolescentes entrevistados asocian con un combo que se conforma por la mala junta, la droga, el vandalismo y la delincuencia.
E: ¿Tenés amigos que no hacen nada?
– Algunos del barrio. El barrio antes era un ambiente muy feo, ahora está calmo porque se llevaron a todos, pero la mayoría de mis amigos no trabajan, vivían mantenidos, y tampoco nos dábamos cuenta, no sabíamos de dónde sacaban plata algunos para comprarse droga.
E: ¿Cómo hacían?
– Algunos salían a robar, pero tampoco te enterabas
E: ¿Y lo de la droga lo ves?
– En el barrio antes se veía siempre. Estaban parados en una esquina y estaban todos parados fumando porro. Aparte te dabas cuenta por el olor. En el barrio antes se veía, ahora mucho no. Igual yo voy de la escuela a mi casa y en mi casa me quedo ahí y salgo a hacer mandados.
E: ¿No andás por el barrio?
– No, mucho no me gusta y menos de noche. En el barrio de enfrente (dice el nombre) son peores que en el barrio de nosotros.
(EI, Mujer, Tandil)
La idea de género
Vale aclarar que "la vagancia" es explicada por varones y mujeres dentro de un componente de género que la atraviesa de modo expreso: el vago generalmente se asocia al varón. Si en las otras dos causas expresadas por los adolescentes, la deserción se explica tanto en varones como en mujeres, en ésta la mujer suele quedar afuera o aparece de un modo excepcional, y es el varón quien concentra la figura del vago, del ni ni (ni estudia, ni trabaja) por excelencia.
La idea del ni ni en estos adolescentes encierra una idea de género. El ni ni se encuentra en un proceso de desafiliación que resulta una amenaza para quien se encuentra en un estadio de inclusión superior, incluso inmediatamente superior donde la idea de amenaza se refuerza por el fantasma de “yo puedo estar en su lugar”, si la caída es vista como cercana socialmente.
Los adolescentes entrevistados asocian al joven ni ni con la situación de “reviente”, la cual indefectiblemente se vincula a un consumo problemático con las drogas.
Decíamos también que se asocia al varón más que a la mujer poniendo de manifiesto una problemática de género. La mujer que abandona la escuela está asociada al trabajo doméstico, lo cual si bien aparece como una obligación o mandato de género más que como un trabajo, supone “ocuparse de algo” y de esa manera se distancia de la figura del ni ni que construyen los adolescentes. Desde esta perspectiva, la “ayuda doméstica” que la mujer debe realizar para con su familia hará que se disipe la idea de ser definida como ni ni y vuelve más compleja la invisibilización del trabajo doméstico.
Así, probablemente más que invisibilidad lo que existe es una fuerte naturalización del trabajo doméstico por parte de la adolescente mujer, que finalmente puede terminar invisibilizándolo como problema. Esto resulta muy revelador y demanda de una atención urgente ya que así naturalizado, el trabajo doméstico tampoco resulta problematizado en relación con su vínculo con la escuela, lo que colabora en desatenderlo como causa de deserción o factor de problemas escolares tal como ocurre con otros trabajos.
Fuente: Observatorio Argentino de Drogas – www.observatorio.gov.ar
