La Adolescencia, una Etapa de Cambio para toda la Familia

El adolescente, que hasta ahora se ha refugiado en la familia, demanda de los padres una mayor independencia. Es el despertador biológico que marca el paso de niño a adulto, la búsqueda de un lugar personal. Es un viaje sin retorno que emprenden todos los miembros de la familia.

La influencia familiar va disminuyendo y la relación con el grupo de amigos va adquiriendo un papel protagonista. El adolescente pasa menos tiempo con sus padres y éstos se preocupan cada vez más por sus amistades, por saber en qué gasta el dinero, a qué dedica su tiempo de ocio. Esta inquietud, que en principio es positiva, no debe convertirse en un exceso de control que coarte el inicio de la autonomía de nuestros hijos, su viaje hacia la madurez.

En esta etapa de evolución y de cambio son frecuentes las reacciones rebeldes, el rechazo a las normas sociales y familiares, la oposición sistemática a todo lo que diga un adulto. En definitiva, necesitan enfrentarse a sus padres para encontrarse a sí mismos.

Sin embargo, todavía no son adultos y en ocasiones los padres y las madres no sabemos cómo actuar ante este cambio que afecta a toda la familia. Dudamos entre la autoridad y la libertad, entre el control y la autonomía. Es una difícil decisión que se debe basar en la coherencia y en la negociación de normas entre padres e hijos.

Los padres tienen que marcar unas nuevas normas de convivencia ante las nuevas situaciones que plantean los hijos (horarios, salidas, responsabilidades, etc.) que pueden alterar las relaciones familiares. En ocasiones, tememos no afrontar correctamente las nuevas demandas de independencia de nuestros hijos por miedo a perderlos, y podemos llegar a tomar decisiones equivocadas, bien por exceso de autoridad o por miedo a que nuestros hijos no sean capaces de tomar decisiones responsables (sobre protectores) o por falta de unas normas familiares que tanto padres como hijos debemos establecer (permisivos).

Es la contienda que se repite generación tras generación: cuál es la hora de regresar, si se puede ir de fin de semana con unos amigos, si se puede quedar en casa en lugar de ir de vacaciones con nosotros, si le dejamos ir de acampada a pesar de las notas que ha traído, etc.

Ante estas situaciones, los padres y las madres debemos valorar en todo momento cuales son las demandas de nuestros hijos y, aplicando las reglas que en su momento hemos acordado, concederles una progresiva autonomía, ya que protegerles en exceso no es la mejor manera de educarles para la vida.

De todas formas, debemos pactar con nuestros hijos este camino hacia la independencia que tiene una doble dirección: los padres, aunque siempre vigilantes, vamos cediendo "cuotas de gobierno" a medida que los hijos nos van demostrando que son capaces de tomar decisiones responsables.

Apuntes para mejorar la relación 

– Hay que ser coherente a la hora de establecer normas: No exijan a su hijo lo que ustedes no cumplen.
– Padre y madre han de formar un equipo. Tras discutir todos los argumentos a favor y en contra de una situación, adoptarán una decisión común.
– Impliquen a su hijo en la toma de decisiones, de forma que tanto padres como hijos hallen una solución a determinado conflicto en base a unos argumentos dialogados.
– Procuren entender que la oposición o rebeldía de su hijo, e incluso sus errores, forman parte del proceso de avance hacia la vida adulta.
– Cuando se toma una decisión hay que mantenerla porque los hijos necesitan de referencias claras para socializarse.
– Unos buenos padres no son aquellos que imponen siempre su voluntad.
– Unos buenos padres no son aquellos que no saben poner límites a las peticiones de su hijo.

Fuente: www.lasdrogas.info

SERVICIO LOCAL DE PROTECCIÓN Y PROMOCION DE LOS DERECHOS DEL NIÑO Y ADOLESCENTE DE SAN CAYETANO
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