
Hoy en día, muchos padres y madres vivimos esclavizados por "la tiranía" de los hijos, haciendo todo aquello que ellos quieren sin poner ningún límite a su conducta. De hecho, hace pocas semanas el Defensor del Menor, Javier Urra, comentaba en referencia a este tema que hoy en día muchos padres podrían ser definidos como padres "light". Sin embargo, nuestros hijos e hijas necesitan normas y límites claros.
Las normas son necesarias para la convivencia familiar y para la posterior integración de los niños en la sociedad, y una vez establecidas deben ser cumplidas, ya que de lo contrario los niños o adolescentes pueden pensar que no tenían verdadera razón de ser.
Además, las normas familiares son útiles para los hijos e hijas porque les sirven de marco de referencia (les dan seguridad), les trasmiten valores, actitudes y códigos de comportamiento, les ayudan a tomar decisiones, les facilitan la socialización, les hacen más autónomos y responsables, y mantienen un clima emocional positivo.
A la hora de establecer límites, los padres debemos tener como criterio establecer unas normas claras, razonables y adecuadas a la edad del niño; evitar ciertas actitudes como pueden ser la sobreprotección, el autoritarismo o la pasividad; en caso de que los hijos sean adolescentes, negociar los límites ayudará a que los jóvenes observen las normas como propias; y por último no debemos olvidar ser coherentes con dichas normas respecto a su cumplimiento, fijando y aplicando refuerzos y sanciones, y siendo nosotros mismos ejemplo de las mismas.
Existen muchas clases de normas en la sociedad, pero las familiares tienen unas características que se concretan en ser:
– Realistas: Posibles de cumplir, ya que pedir imposibles es fomentar la desobediencia.
– Claras: Bien definidas y comprensibles. Si la norma no se entiende o es ambigua, el niño no sabrá dónde está el límite.
– Consistentes: Una vez establecido el límite los padres deben ser firmes respecto a su cumplimiento.
– Coherentes: Las normas deben ser coherentes entre sí y cumplidas por todos los miembros de la familia.
Sin embargo, no todas las normas familiares tienen la misma jerarquía, sino que las podemos dividir en tres clases:
– Fundamentales: Se caracterizan por ser pocas, muy claras, de obligado cumplimiento e innegociables. Un ejemplo de esta clase de normas es la postura de los padres respecto a la violencia.
– Importantes: Se caracterizan por ser pocas, muy claras, matizables en función de determinadas circunstancias, de correcto cumplimiento y admitir cierto margen de negociación. Un ejemplo de esta clase de normas es la hora de llegar a casa.
– Accesorias: Se caracterizan por regular aspectos más circunstanciales, ser de alto valor educativo y socializador y fácilmente negociable. Un ejemplo de estas normas es mantener limpia y ordenada la habitación.
Una vez establecidas las normas familiares, los padres debemos tener claro qué vamos a hacer si estas no se cumplen. No debemos defraudar a nuestros hijos e hijas quitando importancia al incumplimiento de una norma. Como hemos comentado, las normas son un marco de referencia para nuestros hijos, por lo que si no se cumplen esperan de nosotros una respuesta correctora y acorde al incumplimiento. En consecuencia, debemos pedir explicaciones y tomar medidas proporcionales a la norma incumplida.
Asimismo, cuando se cumplen las normas debemos premiar dicho comportamiento recurriendo a refuerzos que estimulen dicha conducta. Los padres en estos casos podemos recurrir a refuerzos materiales (regalos) o no materiales, mucho más recomendables (alabanzas, mayor autonomía, etc.).
Fuente: www.lasdrogas.info
SERVICIO LOCAL DE PROTECCIÓN Y PROMOCION DE LOS DERECHOS DEL NIÑO Y ADOLESCENTE DE SAN CAYETANO
Av. Independencia Nº 730 – Tel. 442-437
Email: slppdna@yahoo.com.ar
