fbpx

Agustín Marchesín lo hizo de nuevo: esta vez campeón con la Selección Nacional

Agustín era un nene cuando recuerdo haberlo visto por primera vez. Un pibe flaquito en el asiento delantero del auto de su abuelo Fernando, rubiecito con cara de buenazo. Hasta pudo haber sido con el buzo de arquero que usaba el Mono Navarro Montoya.

Esas piernas flaquitas que se transformarían en los resortes que lo elevarían por los aires en cientos de estadios del mundo tendrían las rodillas peladas por algún picado en el Barrio Moreno o en los entrenamientos de la categoría ’88 de Sportivo en la que ese grupo de atorrantes se consagró campeón, con el Agus vistiendo la camiseta número 9 y haciendo goles. (*)Quién diría que tras ese orgullo de inflar las redes iba a ser su tarea impedir que los delanteros rivales no los conviertan.

Porque sin dudas hay en este pibe, porque a pesar de ser papá no se podrá quitar la etiqueta de ser un niño de barrio, con la picardía y liderazgo en el juego, con la inocencia y la timidez que solo tienen los humildes por más títulos y reconocimiento que tengan en su carrera.

Fue en la quinta de su familia, la de los abuelos paternos cuando le hice una nota tras un torneo de juveniles en Mar del Plata, con su mira puesta en Huracán de Tres Arroyos. El “largo” como lo apodaron sus amigos eternos, tenía vergüenza por lo que le preguntaba, se permitía soñar, pero con los pies en la tierra. Me llamó la atención el timbre de voz, porque todavía la guardaba para las indicaciones a sus compañeros, que en cada club lo escucharon liderando cada salida, enfrentando cada juego.

Otro de los recuerdos, cuando formó parte del equipo de Lanús que se consagró campeón en Primera División del Fútbol Argentino y fue con el grabador a la casa de su abuela Mirta, sobre avenida Independencia y cuando le pedí que me mostrara la medalla se la pidió y un tanto ruborizado me permitió que le sacara una foto.

Y podría contar anécdotas sobre la Fiesta del Deporte, de las charlas entre bambalinas cuando disfrutaba de los videos que reflejaban su año y los méritos que se iban acumulando como las camisetas de varios jugadores y los trofeos en la casa de sus padres.

Me voy a detener en esta Copa América, la que todos sabemos que nuestro país no ganaba hace casi 30 años. Agustín ya había sido subcampeón en Chile y había compartido plantel con parte de estos jugadores, entre ellos el gigante Messi. Este Marche de manos gigantes y corazón aún más grande, se rompió el alma en cada entrenamiento para estar disponible para el DT o cuando el equipo lo requiriera.

Esa sonrisa que regaló en tantas fotos demuestra que, como varios de sus compañeros, la gloria se obtiene con la celeste y blanca. Aunque este gran arquero sancayetanense es un verdadero talismán y fue campeón en cada club que jugó, este título es tocar el cielo con las manos, lo que suele hacer cuando vuela y se estira, cuando corta un centro suspendido en el aire…

Si hasta antes de viajar a Brasil para disputar este torneo era el deportista más importante de todos los tiempos de San Cayetano, esta medalla lo vuelve inalcanzable…Pero con Agustín nunca se sabe, porque siempre se supera a si mismo…y eso nos hace soñar con que todavía le falta acumular mucha gloria, en los clubes que represente o en la Selección Nacional de Fútbol.

Jorge Dip.

(*) Nos agrega Marcelo García:

«Le gustaba jugar de 9 para hacer goles. Cuando faltaba el arquero titular digamos de la categoría 87 yo lo ponía al arco. Después cuando paso a su categoría porque el es 88, lo empiezan a poner al arco. El arreglo que se hizo para dejarlo contento era que jugaba de 9 en la 87 y atajaba en la 88.. jaja!! La mayoría de sus compañeros del Cole eran 87 por eso el jugaba de 9 en esa categoría. Yo dirigía en esos tiempos la categoría 87 y mi primo Norberto Garcia dirigía la categoría 88.»