Distribuidora Fernández: Casi seis décadas acompañando al crecimiento de San Cayetano

Uno de los sectores económicos que conocen de luchas y de la incertidumbre que han provocado las diferentes crisis que atravesó nuestro país, es el rubro alimenticio. Conoceremos la historia de Distribuidora Fernández, una empresa de origen sancayetanense que desde 1963 es un referente del comercio en la región.

El actual titular de la empresa es Gabriel Eugenio Fernández, hijo de Eugenio, el fundador. “Gaby”, que conoce el rubro desde todos sus enfoques, recordó los orígenes de la distribuidora, ligados a una tradición familiar arraigada pero con visión de futuro para continuar siendo líder en el mercado.

 

 

Caynet: ¿La empresa tiene origen en tu papá Eugenio?

Gabriel Fernández: Sí, no en esta dirección. La primera dirección fue en calle Colón casi Italia, ahí donde está la empresa de los Hernández con los camiones. Ahí fue el primer depósito de la distribuidora, donde antiguamente fue la casa de la familia Presa.

Caynet: ¿Cómo se dio la posibilidad para tu papá de dar inicio con la distribuidora?

Gabriel Fernández: Mi papá viene de Buenos Aires. Trabajaba en la fábrica Haban S.A., de Bordero y Novara, que era gente de acá de San Cayetano. Vino a trabajar al Frigorífico San Cayetano de Carracedo y Bernardi, donde empieza a vender fiambres. Cuando eso se cierra, el empieza a comprar y vender en Mar del Plata y a comercializar acá, siendo distribuidor de Frigorífico La Confianza, una empresa que exportaba carnes y otros productos derivados, los que tuvieron mucho tiempo el Frigorífico Vivoratá sobre la Ruta 2.

Así empieza a vender quesos y fiambres. Después comienza a trabajar el lugar que fuera de los Presa, para luego pasar el depósito un tiempo a la calle Sarmiento donde está el bar de Juliano (que antes fuera de la “Pety” Rojas). En 1969 se termina de construir la primera parte de este depósito ubicado en Yrigoyen (ex 6 de septiembre) entre Mitre y Pedro N. Carrera y ya se queda de manera definitiva en este lugar.

 

 

Caynet: ¿Quiénes eran los que trabajaban en la empresa en un primer momento y cómo se fueron sumando puntos de venta?

Gabriel Fernández: Empezaron mi papá Eugenio y mi mamá Elena. Ya para el ‘72/’73 trabajaban José Luis Fantasía y César Pueblas. En cuanto a los lugares de venta, a Gonzales Chaves se fue desde un primer momento, luego se sumó De la Garma, Orense, Santamarina. Después, cuando fue concesionario oficial de Sancor, por el año ’74, tomó Benito Juarez y dejó Orense porque en aquellas épocas Orense era de difícil acceso (camino de tierra).

El modelo de negocios no era el mismo de ahora, se llevaba la mercadería encima del camión y se entregaba en el momento. En aquella época se usaban dos Ford 350 y una F100, todas cargadas. Ya estaba Mario Ferreira (hoy en Arrate), mi papá y yo. Más acá en el tiempo trabajó Fernando Abad. Por los años noventa y pico, yo tomo el partido de Tres Arroyos, incorporándolo al recorrido de la distribuidora.

 

 

Caynet: ¿Cuándo arrancó tu papa, como hacia el contacto con las marcas?

Gabriel Fernández: En aquellas épocas las comunicaciones no eran como ahora y los viajes tampoco, así que había que ser un poco kamikazes. Mi viejo empezó con un Baqueano que le compró financiado a Pedro Caligiuri. Tardaban como 5 horas en ir a Mar del Plata y, como gallego charlatán y curioso, se metía por todos los lugares y así se fue haciendo su camino. Hoy, en muchos mayoristas de Mar del Plata a los que yo sigo yendo, se siguen acordando de Eugenio Fernández.

Caynet: ¿Le interesaba una marca e iba a golpear la puerta?

Gabriel Fernández: Exactamente. Hoy los mirás por internet y así te conectas. Antes había que ir, golpear y empezar a trabajar. Papá era un ser bastante curioso y bastante metido. Cuando veía alguna marca o, por tener los hermanos en Buenos Aires veía alguna marca allá al visitarlos, trataba de conseguirla en Mar del Plata para trabajarla por esta zona.

Caynet: ¿En aquella época era más difícil conseguir algunas marcas o ellas estaban contentas de poder llegar a zonas como San Cayetano?

Gabriel Fernández: En el ’74 Sancor tenía zonificado todo el país y también esta zona, que la tenía mi papá. A la vez trabajabas frigoríficos, otros comestibles, las margarinas Dánica, la mayonesa Hellmann’s. Cuando te hacías concesionario de una marca era un sinónimo de seriedad, no se la daban a cualquiera para que lo representaran. Hasta el ’98 fue el único que trabajó Sancor en San Cayetano.

 

 

Caynet: ¿Muchos sancayetanenses habrán conocido marcas y sabores por tu viejo?

Gabriel Fernández: Sí, muchas. Hoy las ves por internet y buscas un distribuidor. Antes había que hacer un trabajo de boca a boca, el almacenero confiar en su proveedor de confianza y después el público iba decidiendo.

Caynet: ¿A tu familia le fue fácil delegar cuando se agrandó la empresa o siempre se encargaron ellos?

Gabriel Fernández: Yo empecé a trabajar cuando terminé el servicio militar y ahí fue mi mamá la que dejó, por lo que decidíamos con papá. A él le costó mucho, e incluso no sé si lo pudo digerir del todo el tener que delegar. Pero cuando se fue agrandando, cambiaron las formas de comercializar y empezó a aparecer el tema de bromatología tuvo que hacerlo aunque él quería estar con el ojo en todos lados. Le decía: “El único que patea el córner y lo va a cabecear es Patoruzú. Nosotros no llegamos”. Papá desde ahí fue la cara visible y yo me dedicaba a vender, viajaba con él a comprar y así iba conociéndolos. Conozco mucho Mataderos, Villa Ballester, Munro, San Martín (en ruta 8 íbamos al Mayorista Razzo Hermanos).

Caynet: ¿Cómo sobrellevaron las épocas más difíciles de la economía argentina?

Gabriel Fernández: Hubo momentos en los que el banco te daba, después no te daba y tenías que salir a buscar plata cara por la calle. En las épocas de papá era mucho más fácil porque si te veían trabajar había gente que te daba una mano. Hoy lo que manda es el rendimiento en porcentaje del dinero y no importa si trabaja, si no, si se hunde o no. A mí me pasó un poco eso y en un momento tuve que tener un socio que me ayudó y me dejó un presente más saludable para hoy.

 

 

Caynet: ¿La empresa siempre buscó expandirse un poco más?

Gabriel Fernández: Siempre buscamos mercaderías o zonas. En un momento llegamos por pedido de Verónica a Coronel Pringles y durante un invierno le atendimos Necochea, La Dulce, Juan N. Fernández y Lobería porque no había quien lo hiciera. En ese momento no me animaba a encarar una temporada de verano pero es una cuenta pendiente que tengo. Ahora le vamos tomando el gusto a Claromecó y debe ser interesante. No lo descarto.

Caynet: ¿Cómo vivieron el cambio del papel al mundo de la computadora y la tecnología?

Gabriel Fernández: Papá no vio nunca la computadora. Nos vio a nosotros trabajar pero él siguió haciendo todo en papel. Para los vendedores viejos, la lista de precios era lo que es el misal para el cura, que se sabe la misa de memoria pero lo tiene siempre. Hoy se hacen más ventas virtuales porque también va cambiando la generación de compradores. No es que uno no quiere cambiar, sino que siempre hay que ir buscándole la vuelta. Yo estoy acostumbrado a la vieja escuela pero tengo hilo para venderle a las nuevas generaciones, por eso no puedo estar afuera.

 

 

Caynet: La historia de cada comerciante de la zona la debes conocer de memoria.

Gabriel Fernández: Muchos. Yo me acuerdo del papá de Carlos Linares y de cuando estaba Alfredo a cargo porque Carlitos todavía era joven. Carlitos hacía lo que hoy hace Alejandro Linares, nieto de Don Emilio, el fundador del negocio. O los cuentos de cuando atendía a Antonio Bailón frente a la Escuela N°1. De los viejos han quedado pocos. Con antigüedad, por ejemplo, “Coco” Di Pompo, que estuvo muchos años a cargo del almacén de la Cooperativa Agrícola frente a la vía.

Caynet: ¿Y vas sabiendo cuando es un día para venderle más o menos?

Gabriel Fernández: Y ellos también se dan cuenta si uno va con ganas de venderle muchas cosas o no. Uno lo semblantea para ver si es un buen momento para hacerlo.

 

 

Caynet: Un tema importante que siempre se destaca de la distribuidora es que ustedes siempre están…

Gabriel Fernández: Una vez me tocó ir con papá a Benito Juárez, estaban por cortar la Ruta 3 y necesitaban leche en polvo en el Hospital. Un cliente de allá se comunicó pidiéndonos si podíamos llevar. Se cargó el camión una tarde de invierno y donde está el paso a nivel de Juárez, entrando por la ruta 86, tuvieron que cortar. A nosotros no nos alcanzaron a avisar que estaba cortada y volamos con el camión y caímos del otro lado, pero entregamos la leche en polvo.

Otro ejemplo es entrar por el terraplén de la vía a Orense y a Cristiano Muerto para que no estén sin mercadería. Era moneda corriente hacerlo cuando se iba por calle de tierra. En la inundación del ’83 me tocó andar a mí, incluso me tocó auxiliar a un papero que iba a salir de Cristiano Muerto y sobre el terraplén de la vía habían hecho un puente con troncos, se asustó y se le cayó el camión de culata a donde pasaba el agua. Me tocó auxiliarlo para que no se terminara de caer, enganchándolo con una linga y haciendo fuerza para atrás.

En tantos años de vida comercial, Gabriel tiene muchas anécdotas para contar a sus clientes, a quienes pasan por su depósito o son visitados por sus vendedores. Tradición, confianza y el “siempre estar para el cliente, en adversidades o buenas épocas” son los estandartes de la empresa, de la que vamos a conocer más en una próxima nota.

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