Hace unos días hablamos con Guillermo…un buen rato.
Fue hermoso escucharlo, enterarme de que su vida es una vida bella, que sigue casado con Florencia el amor de siempre , que tienen dos hermosos hijos, que se ha desarrollado profesionalmente y le va muy bien. Me hizo feliz también cuando me contó de Alfredo su hermano -Alfredito para mi-, que también tiene una hermosa y numerosa familia, que ha ganado un concurso con su profesión y es muy bueno en lo que hace…
Para mi Guillermo no podría tener más de 25 o 30 años y Alfredo unos menos…pero me dijo que ya tiene 53 y Alfredo –calculo- ha de tener cuarenta y pico largos…Ellos los nenes de la casa de La Plata donde estudié toda mi carrera. Ya son hombres, con sus familias, sus vidas, sus profesiones, sus desafíos y esfuerzos, sus crecimientos, y eso me llena de alegría…Pienso en sus padres, en Irma, esa vasca adorable y en Enrique, descendiente de italianos, dos personas maravillosas, rectas, trabajadoras, cuyo principal tesoro siempre fue la familia….
Cuando llegué a esa casa, con mis 17 años y cero experiencia en vivir fuera del pueblo y lejos de mi familia, Irma le explicó al tío Palito – que nos había llevado a Gustavo y a mí a buscar un lugar donde vivir- que no tenía lugar en su casa. El tío Palito no dio media vuelta y salió a buscar otro lugar, no, siguió charlando, charlando y encontraron un punto en común: El Chango Nieto ese cantautor salteño que nos deleitara con su canto y con su bombo…La cuestión es que Irma había estado en su casamiento en la Catedral de La Plata, con una chica platense, y el tío lo conocía por ser vecino de Julie y Juan Carlos…-también gracias al Chango Nieto yo terminé viviendo en esa casa- , ahí todo el diálogo fue más fluido, ellos no tomaban gente desconocida, y al tener alguien en común todo fue diferente. Nos despedimos e Irma quedó en que si tenía un lugar nos avisaba….al tiempo nos llegó la noticia de que sí tenía lugar en la casa.
Al principio le decía la pensión. Al tiempo ya la llamaba «mi casa». Era una casa espaciosa, de esas con zaguán. La familia vivía ahí también, y teníamos nuestros espacios separados aunque en la misma casa. Todo estaba impecable, reluciente, absolutamente limpio. Al principio a nosotras las estudiantes nos trataban de usted. Y ni hablar nosotras a ellos. Había un trato muy cordial, con muchísimo respeto.
Los niños eran chiquitos, Guille recién comenzaba la primaria y Alfredito aún iba al Jardín de Infantes. A las mañana nos despertaba el aroma de las tostadas de Irma…
Y así fueron pasando los años y cada vez éramos más cercanos. Recuerdo el excelente cocinero que era Enrique, hacía los canelones caseros no con masa de panqueques como los hacemos ahora, no, él hacía la masa verdadera, a lo italiano, la hervía ligeramente y recién los armaba…Un día nos invitó a comer buseca ( nosotras no comíanos con la familia, teníamos nuestra cocina aparte) a mí me daba vergüenza decir que yo no comía mondongo, así que comí… qué manjar!!! Tenía todas las verduras, todo lo lavaba minuciosamente y cortaba y luego condimentaba perfecto… Cada vez que la hacía -le llevaba más de un día de trabajo- nos invitaba a comer a Raquel, Cristina, a Lucy y a mí. Nunca comí una buseca igual…nunca…
A la tardecita mientras Irma planchaba hacían los deberes de la Escuela, cuánta dedicación, no había como ahora Internet que es una gran ayuda para los padres para el apoyo escolar a sus hijos, así que buscaban en los “Billiken” y “Anteojito” y en libros, y siempre iban con todo cumplido con exceso.
En un tiempo vivieron en la casa también las tías mayores de Buenos Aires, Rosa y Florinda, buenas personas también, Rosa hablaba todo el tiempo de enfermedades y médicos, Florinda era un sol, más viejita, más calladita, medio sorda –a veces también se hacía un poco la sorda para no escuchar todo el tiempo a Rosa- dulce…cálida…
Cuando yo ya me había recibido, estuve un año más viviendo en su casa en La Plata antes de casarme, practicando en un Estudio Jurídico, en ese tiempo lamentablemente murió Enrique en forma súbita. Fue un desgarro, para todos, Irma que aparentemente era en el matrimonio, la ejecutora de todo, había perdido su puntal, su compañero, y le costó reponerse, con el tiempo le puso garra y siguió adelante con sus hijos…
Nosotros cada vez más cercanos, nos tuteábamos con Irma, vinieron a San Cayetano para nuestro casamiento…Guillermo que siempre observaba y describía la realidad, contaba cómo mi abuela – con pinta de ancianita dulce- había degollado un pollo que luego comieron a la olla cocinado por ella el sábado de nuestro casamiento al mediodía…
Cuando nació Florencia, íbamos con ella a la casa de Irma y los chicos…
Luego nos vinimos a vivir a San Cayetano, íbamos poco a La Plata. Cuando María Magalí era recién nacida me llegó la triste noticia de la partida de la querida Irma.
Y los años transcurrieron, casi sin noticias. Por ahí alguna vez supe por Raquel que estaban bien ,y habían vendido la casa.
Hace unos días busqué por las redes a los chicos, ahí nos conectamos con Guille, y al rato de hablar, nos expresábamos como si ayer nos hubiéramos visto, como hermanos o primos.
Luego de hablar con Guillermo sentí mucha alegría, alegría de saber qué lindas personas son, de ver que sus vidas son como sus padres hubieran querido y como sus padres las orientaron en el bien, el trabajo y la familia…
Cuando Noelia Peón escribió el texto “ Las Delfinitas” algo se movilizó en mí. Recordé la casa de calle 50 Nº1132 donde fui feliz y amé a sus integrantes. Son parte de mi vida. Tengo de esa familia el mejor de los recuerdos y el agradecimiento profundo por tanto recibido.
Magalí Di Croce
Fuente: https://sancayetanoprovinciadebuenosaires.blogspot.com/2020/11/la-casa-de-calle-50-n-1132-17-y-18.html?m=1
Además de administrar el presente Blog Intramuros de San Cayetano, he compartido varios textos míos, los ocho últimos anteriores al presente son: «La dignidad humana» que puedes leer acá, Pentecostés en mi vida, que puedes ver desde este enlace, «La alegría de ser parte de un legado universal» que puedes encontrarlo acá , «El desafío de la libertad» que puedes ver acá .. y «La casa de Mirta, sin MIrta» al que puedes acceder desde aquí y «La excelencia en la simpleza, hacer reir… hacer pensar…» que puedes leer desde acá , «La Fiesta de Nelva» que puedes ver acá y «Dolor en el pueblo» que puedes encontrar aquí.