LA ELECCIÓN DE MAS…por Magalí Di Croce

El 8 de noviembre era el cumpleaños de nuestro querido abuelo Nicolás Arcángeli, y también es la fecha en que partió Gabriel, mi suegro. Por ello cada año, esa fecha, no me pasa desapercibida.

Este 8 de noviembre, mientras pensaba en el abuelo, tan sabio, tan abuelo, también recordé a Mas, nuestro amigo familiar del alma, que reside en Mar del Plata, pero que siempre está cerca, siempre cerca…

Heraldo Mas, Kito, empezó de muy joven a trabajar con el abuelo en construcción, tan joven era , -siempre nos cuenta- que cuando se fue a hacer el Servicio Militar obligatorio, que en ese tiempo se hacía a los 18 años, ya tenían un vínculo laboral y afectivo con “don Nicola”, que éste le dijo que le guardaría el trabajo para cuando regresara, y al año siguiente, al volver, lo esperaba su trabajo.
Fue el discípulo dilecto del abuelo, aprendió todo de su oficio, y con los años se convirtió en un excelente constructor. A tal punto que cuando se tuvo que ir a residir con su familia abruptamente a Mar del Plata, por una cuestión de salud de su hijo, no le costó encontrar trabajo en la gran ciudad, por sus condiciones y capacidades, y por su recta moral.
Nunca le faltó trabajo ahí, hizo amistades con la gente para la que trabajó, quienes le podían dejar la llave de su casa con absoluta confianza y tranquilidad, y aún hoy, que está jubilado, lo extrañan…
No sé si el abuelo, por su condición de Italiano y las propias dificultades con el manejo del idioma, o porqué, a Mas a quien quería como un hijo, y se tenían una gran y mutua confianza, nunca lo llamaba por su nombre de pila o por su sobrenombre, siempre lo nombró como:“Mas”, por su apellido, así que tanto para la abuela, como para mamá y los tíos, y todos nosotros, siempre fue y es: “Mas”…
Mas, no sólo recibió los conocimientos de construcción y albañilería del abuelo Nicolás, también se hicieron entrañables amigos, y en tantos años y horas de trabajo, él absorbía todo de sus charlas.
Ha sido, y es, un amigo presente, íntegro y atento. Cuando se fue a residir a Mar del Plata, recuerdo que el abuelo lloró. Pero la amistad siguió, él venía cada vez que podía, siempre con flores para la abuela o alguna atención, siempre visitando a todos, preguntando por todos, interesándose por todos, los grandes, los chicos…Cuando el abuelo quedó discapacitado a raíz de un ACV, él seguía viniendo a hacer sus visitas, y cuando el abuelo partió, Mas visitaba a la abuela,  a mamá,  a la tía Julieta, y al tío Dante -con quien además compartía el ser constructor-,  mandaba flores para los  cumpleaños, y otras veces también llevaba flores al Cementerio para el abuelo.
Jamás venía o viene a San Cayetano, donde tiene muchos familiares y amigos, incluso cuando estaban sus padres, sin pasar por nuestras casas: una charlita, un mate, un vaso de vino o lo que la abuela hubiera cocinado ese día, acompañaban sus visitas.
Hace unos años, Mas, en una de sus tantas visitas, apareció en casa con un regalo especial, era algo que a él le había dado mi abuela.
Cuando el abuelo enfermó, la abuela Victoria, le hizo elegir unas herramientas que estaban en un estante del lavadero. Él eligió un martillo, una hachuela, una cuchara de albañil y unas espátulas para tomar las juntas de los ladrillos. No era porque las necesitara, él tenía las propias, pero la abuela, evidentemente, tenía claro, porqué le daba a él ese sencillo legado. Él se llevó esas herramientas como un tesoro, y para conservarlas más lindas las mandó a broncear. Quedaron hermosas.
Con ellas llegó a  casa y me dijo: -“ Eran de Don Nicola, quiero que las tengan ustedes, la cuchara que sea para Susana, la hachuela para Gustavo, y el martillo para vos”-, Me lo dijo emocionado y a mi me  llenó de emoción y cariño.
Les entregué las suyas a Gustavo y Susana, y conservo mi martillo, como un tesoro… Pienso que con él, el abuelo trabajó con tanta pasión y dedicación, y soy feliz teniéndolo como si fuera una joya.
Mas, siempre presente en nuestras vidas, en los momentos felices, en los cotidianos, y también en los tristes, en los casamientos, en los nacimientos y en las despedidas.
Por la pandemia hace un tiempo que no nos vemos personalmente, pero nos hablamos o mensajeamos todas las semanas. Tengo, gracias a Dios, muchos y queridos amigos, pero si tuviera que ponerle un nombre a la amistad inquebrantable, le pondría: Mas…
                                                           Magalí Di Croce


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