
San Cayetano tuvo la Fiesta Patronal en una gran demostración de fe que congregó, según se pudo estimar a unos tres mil fieles en la procesión y misa frente al templo parroquial. Fue la primera celebración del Santo Patrono que tuvo a su cargo el Padre Pablo Deiro como párroco sancayetanense y reunió a vecinos de la ciudad y de toda la región.

La multitud comenzó la peregrinación, poco después del mediodía, desde la rotonda de acceso a esta ciudad, a través de la avenida Senador Hernán Apezteguía, prosiguiendo luego por las calles Padre Jacobo Fidersek, 9 de Julio -se hizo una parada frente al Hospital Municipal San Cayetano- y Girado, para retomar luego por avenida Independencia, hasta arribar a la Parroquia.

La celebración religiosa contó con la presencia del arzobispo emérito de Bahía Blanca, monseñor Jorge Mayer, quien acaba de cumplir cincuenta años de ordenación episcopal.

Previo a la misa, el intendente municipal Miguel Angel Stornini, entregó al anciano religioso una copia del decreto que lo instituye como huésped de honor de esta ciudad, entre otros presentes que le obsequiaron el propio jefe comunal y el diácono Emanuel Palacios, en nombre de la comunidad sancayetanense. De la ceremonia participaron también los sacerdotes Juan Carlos De Filippo, de Adolfo Gonzales Chaves; Román Bustinza, de La Dulce; Miguel Mariano, de Claromecó; y Pablo Deiro, de San Cayetano, así como también el diácono local Raúl Gardey .

Historia de San Cayetano, Patrono del Trabajo
Nació Cayetano; de padres nobles, hacia el año 1.480, en la ciudad de Vicenza, del señorío de Venecia. Algunos autores afirman que vio la luz en Gaeta. El nombre Cayetano proviene del término latino caietanus, que significa, oriundo de Caieta, como se llamaba esa ciudad en la época de los romanos. Antes de nacer, ya la madre lo había ofrecido a Jesús. De pequeño, se lo llamaba Cayetano de Santa María. Cayetano nació en una época de cambios históricos profundos. Frecuentó desde muy joven las iglesias y le gustaba la soledad. Se estableció en Roma y el Papa Julio lo nombró protonatario apostólico y lo hizo camarero.
San Cayetano experimentaba una desgana muy viva por el género de vida de muchos de los otros prelados y eclesiásticos de la corte papal. Ordenado sacerdote el 30 de setiembre, celebró su primera misa en la fiesta de la Epifanía, el 6 de enero de 1517, en el altar del Pesebre de Santa María la Mayor, donde la Madre de Dios, en la Navidad siguiente le presentará su Hijo Divino entre los brazos. Al regresar a Vicenza, encontró un conjunto de gente humilde, devota y ejemplar, que él Ilamó sociedad santa. Los aleccionó para que fueran útiles en el hospital de incurables y ejerció personalmente la caridad con los enfermos. Su ejemplo cundió por toda la ciudad. Caballeros, nobles, militares y vecinos de gran fortuna acudían como voluntarios al hospital. Se trasladó a Venecia.
Allí gastó gran parte de su fortuna en realizar obras de misericordia. Reparó el hospital, Ilamado Hospital Nuevo. Sobre la puerta principal del hospital la imagen del santo y la inscripción en que se lo Ilama "amado fundador". Acostumbraba decir que en la iglesia se rendía a Dios el homenaje de la adoración y "en el hospital lo encontramos personalmente". Por segunda vez se hizo presente en Roma, donde fundó otra congregación, para combatir a los herejes. Tuvo por compañero de fundación a don Juan Pedro Caraffa, obispo de Chieti (Teati), hombre austero y ejemplar que fue después el Papa Pablo IV. Un fin guiaba al nuevo instituto: proveer santos prelados, quienes no podían poseer rentas ni pedir limosna, debiendo contentarse para su sustento con lo que espontáneamente se les ofreciera; debían entregarse sin reserva en manos de la providencia. Clemente VII los denominó clérigos regulares.
En Italia son Ilamados chietinos o teatinos por Juan Pedro Caraffa, obispo de Chieti. En el saqueo a Roma, en mayo de 1527, por las tropas imperiales de Carlos V, los Teatinos fueron maltratados, hechos prisioneros y encerrados en la torre del Reloj, en el Vaticano; liberados por un oficial español, pasaron a Civitavechia y después a Venecia. Durante los seis años que él pasó en Venecia (1527-1533), Cayetano con su Comunidad se consagra a la asistencia de los pobres y de los enfermos, sobre todo en la peste que asoló la ciudad entre el 1527 y 1528, trabaja en la reforma religiosa y se opone a las infiltraciones heréticas. En Nápoles, los Teatinos realizan desde el principio una inmensa tarea apostólica. Bajo la dirección de Cayetano, la Comunidad crece rápidamente y se vuelve el centro de la reforma católica: se cuida del decoro y del esplendor de la iglesia, se da un gran impulse a la vida litúrgica y a la frecuencia de los sacramentos, reflorece la piedad en torno al misterio de Navidad, se restaura la devoción al santo Pesebre.
Defensor de una pobreza absoluta, Cayetano rehusa enérgicamente las generosas ofrendas que unos napolitanos quieren asegurar a la Comunidad para que ella goce de rentas fijas. Su espíritu de penitencia era grande, así como su despego de lo terrestre. Cayetano había Ilegado a Nápoles en compañía de otro teatino, Juan Marinoni. La ciudad estaba gobernada por un Virrey, don Pedro de Toledo, en representación de Carlos V. Los españoles, a fin de mantener la estabilidad política y económica, habían otorgado a la nobleza napolitana grandes beneficios. Pero el pueblo soportaba graves penas y miserias. El Conde de Oppido recibió a los dos sacerdotes, con grandes lujos. Pero ellos se negaron a aceptarlos terminantemente. El Conde, maravillado por los espíritus nobles dos teatinos, siguió insistiendo y brindándoles todo to podía para que vivieran cómodamente. Y ambos, nuevamente, devolvieron cuanto obsequio recibían y come su obra de apostolado en la ciudad. Entre idas y venidas, lograron todo cuanto se propusieron. Pero no pudieron con uno: la Inquisición, que había Ilegado a la ciudad y produjo tal conmoción que la multitud se levantó en armas. Cayetano trató de mediar en el conflicto que se desató, pero no obtuvo ningún resultado y decidió ponerse en manes de Dios, suplicando su misericordia. Entonces, Cayetano se ofreció en cuerpo y alma por la salvación de su pueblo. De repente, una extraña enfermedad lo obligó a recostarse en la cama y Marinoni Ilamó inmediatamente al médico. Pero de nada sirvió. El Santo pidió los sacramentos para poder morir en paz. Lloró por sus pecados, besó por última vez la imagen de Cristo en la cruz y cerró los ojos para siempre el domingo 7 de agosto de 1547, en momentos en que la capital napolitana estaba en sangrientos tumultos. Al día siguiente, milagrosamente, cesaron las hostilidades.
Hubo un acercamiento de ambas partes y dieron paso al diálogo, es que la mano de Dios había bajado a la tierra y había escuchado el ruego del Santo. Fue enterrado en el cementerio de los Teatinos, cerca de la iglesia de San Pablo; más tarde sus restos fueron trasladados al interior de la iglesia, donde son actualmente venerados en la cripta del "Soccorpo". Clemente X lo canoniza el 12 de abril de 1671. Su fiesta, celebrada el 7 de agosto, fue extendida en 1673 a la Iglesia universal. En definitiva, San Cayetano pasó toda su vida sirviendo a Jesús en sus hermanos: fundó un hospital para atender a los que padecían enfermedades infecciosas, creó un Banco que concedía créditos a los más necesitados, organizó una imprenta para dar trabajo a los desocupados.
