¿Quién escucha hoy a los adolescentes?

Queremos a continuación desarrollar el marco teórico referencial , al que adscribimos como profesionales y representantes de las instituciones donde nos desempeñamos.
El objetivo principal de nuestro trabajo , es justamente estar cerca de nuestros jóvenes, propiciar los espacios para escucharlos, acompañarlos en sus procesos de apropiación de conocimientos y de sus identidades. 

Creemos que para hablar de los jóvenes es necesario superar la concepción de la juventud como una franja etárea , para conferirle al concepto el carácter simbólico que como constructo socio cultural ,dependiente de condiciones materiales e históricas que determinan su significancia, marca diferentes y desiguales modos de ser jóvenes.
Este transcurrir diverso, genera distintas formas de percibir y actuar en sociedad. Sus representaciones y prácticas están diseñadas desde un particular lugar dentro del espacio social.
Sin embargo, estos diferentes jóvenes comparten una misma marca epocal, los hechos históricos a los que están expuestos tienen que ver con una crisis profunda de las instituciones que organizaron y dieron cohesión a la vida social durante la modernidad , sumado a un contexto de vulnerabilidad y precariedad socioeconómica en toda la región, con efectos de acelerada desintegración social.
Estamos viviendo un momento de profundos cambios y redefiniciones. La idea de mañana, ligada a la noción de futuro, es incierta para todos…Las instituciones que anclaron los sentidos de la vida durante la modernidad(la familia, la escuela, el trabajo, el estado , la política) están atravesando una profunda crisis, y necesitan una nueva definición y recreación .Y en este clima de incertidumbre, riesgo y ruptura de los marcos de regulación colectivos, la problemática central es la incapacidad institucional para dar juego y respuesta a las transformaciones sociales. En América Latina debe sumarse, además la pauperización y desigualdad creciente obtenida a partir de la implementación de modelos neoliberales , en detrimento de los proyectos nacionales y populares del estado. Y son los jóvenes los que, con un pie en el pasado, en el mundo de sus abuelos y padres, y con otro en el presente, comienzan a hablarnos del futuro, de las posibilidades de la vida social que vienen.
En este contexto aparece el problema de la información que sobre los mismos jóvenes producen las industrias culturales, fundamentalmente los medios de comunicación :qué información se construye sobre ellos y qué hacen los jóvenes con ella, es decir, cuáles son sus modos de consumo. Actualmente aquello que se in(forma) sobre la juventud es múltiple y variado, aunque claramente podríamos pensar en tres grandes condensaciones de sentido. 

1. Los jóvenes del consumo

Este modelo liga a la juventud a la idea del joven/consumidor, que adquiere su identidad a partir de una relación exitosa con los bienes ofrecidos por el mercado; responde a cierto prototipo físico (blancos, altos, flacos) y se mueve en el mundo a partir de acciones individuales. Junto al peso insoslayable de un discurso dominante y sus efectos como discurso hegemónico, los medios han sabido interpelar a los jóvenes desde una fachada de simetría, un "de igual a igual", muy distinta a los discursos verticales que tanto desde la escuela, el Estado o a veces hasta desde la propia familia se los convoca. 

2. Los jóvenes desinteresados

Son aquellos que, por diferentes razones, no tienen un lugar cómodo o, en ocasiones, simplemente no tienen lugar dentro del presente de la sociedad y hacia el futuro. Aquí hay dos vías de construcción: la que ubica a los jóvenes en la apatía y la que los sitúa en la condición de vulnerabilidad.
Los relatos mediáticos de los jóvenes desinteresados los muestran entregados al ocio no planificado, eterno, abúlico, que en su abrumadora existencia los encierra en sí mismos y les hace perder el discernimiento entre lo bueno y lo malo. Así, son propensos a "malas compañías", "malos hábitos", dejando de lado en el camino una entrada al mundo público bajo las vías en que lo hicieron sus mayores.
A contramano de los relatos que toman y revivifican los medios sobre el desinterés, encontramos que los propios jóvenes sí manifiestan interesarse, apasionarse incluso con cuestiones como la lealtad con sus amigos, lo que llaman sus "códigos", ciertas músicas. A la juventud la conmueve aquello que la política excluye: el amor, el arte, la trascendencia, la diversión. Y aunque rompa con principios de sacrificio, en pos de la subjetivación, el interés personal no es vivido como opuesto la solidaridad.

3. Los jóvenes peligrosos .

Son los jóvenes de los cuales no sólo ya nada se puede esperar, sino que además hacen peligrar lo que nuestras sociedades han valorado como necesario de ser conservado: la vida, la coexistencia pacífica, el orden, la propiedad privada.
Sin dudas éstos pertenecen a sectores excluidos de la sociedad, que no sólo no han tenido acceso a la ciudadanía sino que en muchos casos son hijos de una o dos generaciones de no/ciudadanos, que han quedado afuera de las instituciones que actuaban protegiéndolos y encauzándolos: familia, escuela, trabajo.
Los medios, a través de mecanismos de simplificación extrema han presentado esta característica absolutamente deshistorizada, casi como un componente aberrante pero natural de la socialidad contemporánea.
A estos jóvenes para los que no hay una política clara de inclusión y que son los más vulnerables en un contexto de incertidumbre extrema, se les teme porque se asume que están por fuera de toda regulación social: nadie puede poner un límite, controlar lo salvaje. Se los nombra a partir de la idea de que su peligrosidad estriba en que "nada tienen que perder", en que "no tienen futuro y por lo tanto pueden ir por el suyo". La construcción de unos jóvenes violentos ligados al delito, ubicados como los jóvenes excluidos, encubre la complejidad del origen social de la violencia urbana y adjudica la responsabilidad de la misma a ellos.
Así, desde otro ángulo, éstos aparecen también en las noticias del desborde, como actores privilegiados de los disturbios, denunciados por sus caras tapadas en las que no se lee el temor a la represión sino más bien un rasgo de lo salvaje.
Hay dos grandes vías de lectura de la asociación jóvenes/peligrosidad. Una es aquella que la asume como verdadera, que los jóvenes tanto de sectores medios y altos como desde los propios jóvenes de sectores excluidos reproducen como discurso dominante. En un grupo de discusión conformado por jóvenes de diferentes sectores sociales, una chica proveniente de una familia situada por debajo de la línea de pobreza lo expresaba así: "El lugar donde vivo está lleno de pibes que ya no pueden rescatarse. Yo se que no me tengo que acercar a ellos, me dan miedo".
La otra línea de lectura es la que transforma el estigma, ser peligroso, estar perdido, en emblema de identidad , resignifica su lugar de carencia situándola como capital: “Ellos son los chetos, nosotros los chorros”, sumado al grito de guerra “¡aguante el pibe chorro!”.
Introduciendo elementos de muy diversa índole, donde conviven esquemas de una cultura autoritaria y machista con prácticas de subversión del orden dominante, parte de estos jóvenes que en muchas ocasiones no poseen ciudadanía política, ni social ni cultural, toman la información que sobre ellos circula moldeándolos a partir de la condición de la identidad deteriorada y la transforman en plataforma desde la cual enfrentar un mundo que se les hace cada día más adverso.
En virtud de la institución a la que pertenezco también deseo transmitir lo que pensamos con respecto al consumo de sustancias por parte de algunos jóvenes y el tratamiento que hacen permanentemente los medios, sobre estas prácticas .
“En unas culturas como las nuestras, donde lo social se constituye desde la primacía de las reglas del mercado, asombrarse por el lugar que el consumo ocupa en la vida de los jóvenes es al menos una hipocresía. También anticipamos una hipótesis: pensar que las prácticas de consumo son irracionales, carecen de sentido y de lógica, es al menos una mirada reduccionista sobre los acontecimientos.
Cuando se habla de adicciones en los medios, entre otras cuestiones, la gran mayoría de las veces hay una referencia clara a la idea de consumo (anclada esta noción a la idea del consumo de sustancias de diferente tipo) que pareciera ser un consumo irracional, sin demasiado sentido y del cual muy poco se sabe. Se dice que los jóvenes consumen tal y cual droga, qué efectos físicos provoca, que consumen de manera compulsiva, como sujetos que han perdido el control sobre sí mismos y no saben qué hacen. Se denuncia la ausencia de racionalidad, mientras se muestran unas conductas de las cuales nada se sabe más allá de su condena, abonándose un discurso sobre los jóvenes que los sitúa como sujetos perdidos, desquiciados, que hay que controlar.”
La mirada sociocultural que tenemos, asume que todo consumo, además de responder a una lógica económica o material, es ante todo un consumo cultural.
Una primera cuestión que se nos ocurre pensar es que muchos jóvenes hoy consumen drogas para “encontrarse”, para construir una identidad común en un momento histórico como el actual donde se están redefiniendo las identidades colectivas a partir de fuertes procesos de fragmentación. Consumir juntos, consumir con los pares, con los amigos, con los que consumen con uno, es una forma de construir un posible nosotros. Un lugar donde divertirse o sufrir juntos, cobijarse cuando la ruptura de aquellos marcos regulatorios e inclusivos de lo colectivo se desmoronan. Esta lógica del consumo como modo de integración social, como modo de mediación social, está absolutamente relacionada con el contexto de crisis, incertidumbre, y también vulnerabilidad al cual están hoy expuestos los jóvenes, aunque de diferente manera, y que señalaba al principio. Consumir es una manera de enfrentar los procesos de desafiliación y desinstitucionalización social, tratando de crear nuevos lazos o redes sociales. Es así un modo de expresar el desencanto, de afirmar un padecimiento por lo perdido, pero también una práctica de resistencia o (tal vez sea un exceso plantearlo) de apuesta a la creación de otro modo de afiliación cuando los anteriores fracasaron. Expresión de un malestar; búsqueda de una salida en la que todo se compromete.
El consumo de drogas puede ser también pensado como un proceso ritual cuya identidad consiste en darle sentido al rudimentario flujo de los acontecimientos.
Hoy, muchos de los ritos tradicionales, de las instituciones que los corporizaban están en crisis pero podríamos pensar que no es que ya no hay ritos sino que hay otros ritos. En este sentido, el consumo puede ser pensado como rito de ordenamiento del mundo, como rito donde los objetos, “las sustancias” ocupan un lugar de reafirmación de las prácticas. Podría ser pensado como un modo de búsqueda de anclaje ante la angustiante inestabilidad del orden social. Consumir ciertos objetos, no consumir otros, nos ubica en lo que somos, en lo que son los otros, en lo que los otros esperan de nosotros, en lo que nos diferenciamos de los otros.”
Esto nos obliga a cuestionarnos como adultos , que lugares alternativos para construir identidad les estamos ofreciendo.
Pensamos que las instituciones en las que trabajamos pueden realizar un gran aporte y tienen la responsabilidad de asumir esa tarea.
Por eso es que diseñamos estas actividades que desarrollamos con los adolescentes como una forma de intervención social a traves de la educación . Lo realizado fue una primera aproximación al mundo de los jóvenes .Nuestra intención es seguir desarrollando este tipo de actividades direccionándolas cada vez más hacia el contexto en el que están inmersos, para que los jóvenes de las comunidades como las nuestras , con una identidad ligada a la ruralidad, puedan insertarse laboralmente en sus localidades y no abandonarlas definitivamente como ha venido sucediendo en las últimas décadas, cuando la escuela generaba recursos humanos con posibilidades de progresar sólo, en medios urbanos.
Las problemáticas actuales de nuestras pequeñas ciudades, tiene que ver con el papel que la educación científica, puede aportar para construir herramientas apropiadas para analizar los procesos globales que se relacionan con la emergencia de las nuevas realidades y para comprender e interpretar la diversidad de respuestas de las poblaciones a estos procesos.
La educación debe asumir la responsabilidad de formar sujetos , capaces de acompañar el desarrollo de las comunidades en consonancia con las tendencias orientadas a la sustentabilidad.
“Partimos del hecho de que ya no dependemos del suelo para vivir , sino de nuestra inteligencia. Un pueblo que desarrolle su inteligencia tendrá iniciativa y por tanto posibilidades de riqueza.”
Además de trabajar con los jóvenes, también debe educarse a los adultos, para ponerse al día. Una persona que hoy no maneja una computadora, pasa a ser un analfabeto funcional.
Se trata de fomentar la iniciativa empresarial, pues hay grandes oportunidades sin explotar. Se trata de que estos pueblos vuelvan a estar en condiciones , para que lo gente no tenga que irse, perdiendo parte de su identidad y sentimiento de pertenencia.
La dinámica social desde hace 20 años ,como consecuencia de la progresiva tecnificación de los procesos de producción ha llevado a cambiar las formas de trabajo, los modos de apropiación del conocimiento y el perfil de las relaciones sociales, ha producido despoblamiento, con ruptura de vínculos familiares, pérdida de tradiciones y modificaciones del ambiente rural debido a las nuevas prácticas de laboreo, de la forma que se impone un análisis de la influencia de la penetración del mercado de consumo, tecnificación de los modos de producción y de la aparición de las nuevas tecnologías para realizar un tránsito hacia la integración de estas comunidades a través de la capacidad de diversificar sus producciones, autoabastecerse y generar la contención de los jóvenes en proyectos sustentables.
Se debe entender a la educación , como un proceso integral , contínuo y permanente que atiende a los niños ,jóvenes y adultos” a través de una estrecha vinculación entre la educación formal impartida por la escuela y la educación informal que se da, en el interior de las familias y comunidades.
La participación de las comunidades es una condición necesaria para alcanzar una educación apropiada, a las diversas realidades socioculturales.
Las nuevas tecnologías posibilitan el hecho de pensar la identidad no ya como una esencia o estructura psíquica contenida en los límites de nuestro cuerpo, sino como construida mediante estrategias contextuales mediatizadas por las interacciones con los otros.
Estas reflexiones son las que me hacen sostener que la tecnología nos puede proporcionar nuevas metáforas para volver a pensar lo subjetivo y lo identitario, es por eso que nuestras instituciones deben estar presentes acercándoles estas nuevas tecnologías que necesariamente crean diferencias en el modo de pensamiento, sin descuidar el hecho que
también generan una brecha entre las generaciones, que revierte la relación entre padres e hijos con respecto a la transmisión de ciertos conocimientos.
Y que para los excluidos, la brecha se ha ampliado ya que las posibilidades de acceso al consumo son diferentes socialmente, y los jóvenes, cuando consumen, lo hacen desde esta diferencia, insumo clave, pero no único, para el despliegue de las identidades y la dimensión del reconocimiento. Los usos sociales de la parafernalia tecnológica son diversos a la vez que segmentados en su consumo y apropiación. La dotación de recursos es claramente asimétrica ,sin embargo ,el mundo de la tecnología los atraviesa a todos.,las pantallas los capturan sin distinciones.
La tecnología no esta distante de los jóvenes de los sectores populares, todo lo contrario, está muy presente en su vida como tecnología invasiva aunque pobre en sus posibilidades, con un componente de interactividad reducido.
Teniendo en cuenta estas posibilidades que nos da el desarrollo tecnológico, es que la educación debe apoyar los procesos de autodesarrollo, elevando los niveles de capacitación para la adaptación de las poblaciones ante los cambios de la sociedad globalizada, debe enfatizar los conocimientos sobre las nuevas realidades tecnológicas, los cambios ambientales provocados por la acción del hombre y sus tecnologías tradicionales, sus culturas locales ,recursos y potencialidades y oportunidades del sistema social. Ha existido desde siempre en América Latina una disfuncionalidad en los contenidos de la educación formal, desfasados de las realidades locales.
Esto nos conduce a plantear la construcción de espacios, que tengan como base los elementos primarios de las culturas locales, los conocimientos acumulados en las comunidades, la participación activa de los líderes locales y agentes de cambios, los problemas, necesidades y los proyectos de desarrollo de sus poblaciones.

                                                                                    Lic.Gabriela Martínez.

C.P.A – SAN CAYETANO  cpasancayetano@hotmail.com
Tel: 470-607

BIBLIOGRAFIA:

Saintout, Florencia “Producción y recepción : Los jóvenes y las industrias culturales.”
Página web SADA.

Saintout, Florencia y Varela ,Andrea. “Los jóvenes y el consumo.” Pagina web SADA.

Eva P.Gil Rodríguez , “Identidad y nuevas tecnologías.”

Sergio Balardini. “Jóvenes, tecnología, participación y consumo.”

Jauregui,N.Javier.Compilador . “Jóvenes Rurales.” Fundación Cultural La Dulce.2006.
Canclini, Néstor “El Consumo sirve para pensar” en Diálogos de la Comunicación, FELAFACS, Perú. (1993).
Douglas, M. y Isherwood, B. El mundo de los bienes, Hacia una antropología del consumo, Grijalbo, CONACULTA, México. (1990).
_Reguillo, Rossana “En América Latina hay un agotamiento institucional” entrevista publicada en el diario La Nación , 4 de septiembre de 2006.



Widget