
A 35 años del golpe de estado ocurrido el 24 de marzo de 1976, es muy importante reflexionar sobre el pasado argentino y sus consecuencias sobre nuestro presente y futuro.
La iniciativa de instituir este día como feriado nacional, se inscribe en el conjunto de políticas de Derechos Humanos impulsadas por el gobierno y también desde todos ámbitos de la políticas públicas es fundamental acompañar, esta oportunidad de conocer las implicancias de la construcción de una memoria colectiva para generar sentimientos democráticos, de defensa del estado de derecho y de plena vigencia e los derechos humanos en todos los ciudadanos de nuestro país.
El derecho a la identidad es un derecho indispensable para la constitución subjetiva de un niño. Las líneas de descendencia van generando la identidad, abuelas, padres, hijos van construyendo nuestra historia personal, que está atravesada, tejida por las circunstancias históricas que rodean el momento y el lugar de nuestro nacimiento y esas circunstancias nos tocan, nos corresponden inevitablemente.
Cuando el saber sobre los propios orígenes y sobre los sucesos familiares se oculta se produce una fractura en la vida de una persona. Cuando los secretos son de toda una sociedad, cuando a través del poder se silencian las voces de las personas, las consecuencias son muy importantes y muy graves para el crecimiento de esa sociedad.
Entre las víctimas de la represión ilegal hubo centenares de niños y niñas secuestradas junto a sus padres o nacidos durante el cautiverio de sus madres que fueron secuestradas durante el embarazo. Los niños fueron arrancados de los brazos de sus padres en forma violenta y sin explicaciones.
Mantener algo clandestino, ocultándolo para que otros no sepan de ello, es siniestro. Sin saberlo el niño es sometido a vivir dentro del “secreto familiar” convive con algo que ignora aunque lo presiente inquietante. Desde esta perspectiva, el hijo apropiado es también un desaparecido. Un desaparecido con vida, alguien a quien se le ha ocultado su identidad y desconoce su verdadero origen, su verdadera familia, su verdadera historia.
En la situación de apropiación, los niños fueron sometidos a una doble situación traumática: la desaparición de sus padres y la propia desaparición, que los sumergió en un proceso de ocultamiento y enajenación .En este tipo de actos se desconoció toda ley, la transgresión se hizo ley y la perversión, modalidad del vínculo.
A través del acto de la restitución, los niños recuperan una relación genuina, con la fuerza de un reencuentro revelador, abriéndole el camino a sentirse y saberse él mismo, y el acceso a su propia verdad. Es una situación reparadora, que alivia ese sentimiento de saber no sabido, que lo llenaba de inquietud y desconfianza, tiene un carácter liberador, que descubre lo oculto y restablece el orden de legalidad familiar, para reintegrarlo en su propia historia y de esta manera restituye también su derecho a su salud emocional.
Desde la perspectiva ética y en el fortalecimiento de la convivencia ciudadana y la plena vigencia de los derechos humanos y en particular de la infancia, la restitución constituye la devolución de la sociedad a sí misma como defensa de la vida , búsqueda de la verdad y cumplimiento de la justicia, por eso es importante que la sociedad se comprometa en esta tarea porque en la actualidad también hay otras situaciones donde se sigue perpetuando esa violación cuando se compra un bebé a una madre con problemas económicos y sociales , cuando se secuestran niños ,para trabajos forzados o explotación sexual, por eso es responsabilidad de todos promocionar y proteger el derecho a vivir y ser libres por sobre todas las cosas, el derecho a pensar, en condiciones de respeto, de educarnos ,de preservar nuestra salud individual y colectiva, el derecho a vivir en una sociedad sin secretos y con justicia igualitaria para todos.
Artículo enviado por el CPA San Cayetano.
