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Amo mi Escuela Primaria, por Pedro Gilberto Christiansen

Hice la Primaria en Escuelas Rurales.
Mi comienzo fue en 1962 en la Escuela Rural Número 9 del Paraje Vanoli.
Mi primer día estaba con ansiedad, miedo y vergüenza. No fui al Jardín de Infantes, en el campo, en esa época, no existía.
La Escuela era de madera, muy pequeña, dividida en dos aulas, tres grados en una y cuatro en otra.
El primer día había una sola maestra, Haydee Di Nardo, recuerdo cuando ese día me dijo : “Toma el lápiz” y yo lo tomé con la mano izquierda… enseguida me corrigió: en esa época era “prohibido” ser “zurdo”, ese día aprendí la letra “A” y el número “1”.
A la semana llegó mi maestra de Primero Inferior -como se llamaba antes al primer año- Teresa Scabone, recuerdo que era muy gritona.
Después de vacaciones de invierno, ya estábamos en un nuevo edificio, con amplios salones y una galería pre fabricada.

En Primero Superior y Segundo la maestra era René Burmann (más buena que el Quaker…)…dejaba pasar nuestras mentiras cuando no habíamos hecho los deberes…
Siempre volvíamos con los guardapolvos verdes de pasto…
En Tercer Grado también una muy buena maestra: María Concepción Mingarro de Mauco, muy querida maestra, tanto por alumnos como por los padres, cuando hacíamos algo mal nunca un reto…más bien un sermón… En ese tiempo las maestras no iban de pantalón, pero los días en que había mucho barro, la señora de Mauco, llegaba de pantalón, iba al excusado y al instante aparecía de pollera…
En Cuarto y Quinto volvió Haydee, era brava, pero explicaba muy bien, tanto que casi no teníamos necesidad de estudiar, solo recordar lo que nos había enseñado el día anterior. Su arma letal era dejarnos sin recreo, era el peor castigo, porque en el recreo largo no queríamos perder el momento con nuestros compañeros para jugar y socializar…

Las fechas Patrias se celebraban el mismo día, el 25 de Mayo era el más festejado, porque como era una fecha en la que no coincidía ni con cosecha, con siembra, ni con parición de animales, nuestros padres podían asistir y se hacían hermosas fiestas.
En esos años íbamos con mis hermanos en Sulky, al principio los tres, luego en Segundo y Tercero quedamos dos en la Escuela y fuimos en Sulky hasta que un día lo volcamos y empezamos a ir a caballo.
El “Negro” que andaba al “trote” y era muy difícil hacerlo galopar, tenía cinco kilómetros de viaje, a la vuelta paraba en el Boliche “Vanoli” , que en ese tiempo era atendido por Pocho Spinelli, y si tenía algunas monedas bajaba a comprar golosinas (era adicto a los caramelos de Leche Popsi) y cuando llegaba a la tranquera de casa ya no me quedaban más y tenía que explicar porqué no tenía ganas de tomar la leche…
En invierno, cuando los días eran cortos me apuraba por volver de la Escuela, y tomaba la leche rápido para ir a esperar a la punta del monte a mi papá que volviera de recorrer las ovejas en la parición, eran las ovejas de raza Linconl .
A los 12 años papá me enseñó a ordeñar.
El último año que fui a la Escuela Número 9 de Vanoli, iba también un hijo de Riopedre -él era encargado en la Estancia La Gama- y ellos me dijeron que pasaban a buscarme en camioneta.
Luego hubo un cambio en el sistema educativo y apareció el Séptimo Grado.
Esa etapa la empecé, como pupilo, en el Colegio Argentino Danés que estaba ubicado a 20 kilómetros de la localidad de Micaela Cascallares.
El cambio fue muy grande, pero también muy hermoso. También me quedaron muchos buenos recuerdos, inolvidables amigos, algunos que no volví a ver.
Lo que no me gustaba era que sólo iba una vez al mes a casa, y solo tenía 12 años…por eso siempre digo que me “destetaron” muy temprano, y eso me permitió convertirme en una persona muy independiente.
Fue un gran aprendizaje ir a ese Colegio. Hoy hablo y escribo el idioma danés con fluidez.
Nos levantábamos a las 7 y la luz se apagaba a las 21.
Aprendí a hacerme la cama, a tener mi ropero prolijo, a barrer el piso, a cumplir estrictamente los horarios. Teníamos mucha actividad: cuatro horas de escuela normal, dos horas de idioma danés, deportes, carpintería, teatro y música, entre otras.
En el Colegio Danés también recibimos la Confirmación por parte del Pastor Luterano.
Desde el sábado al mediodía, se iban por el fin de semana los chicos que residían en la zona, otros cada quince días, otros -como yo- una vez al mes y los que vivían en Bariloche solo se iban una vez al año o en vacaciones de invierno.

Tanto en la Escuela Nº 9 de Paraje Vanoli, como en el Colegio Danés, puedo decir que mi escuela primaria fueron años felices que siempre guardo en el corazón.

Pedro Christiansen