Eso que llamamos vida, por Federico Schmidt

Eso que llamamos vida, por Federico Schmidt
Hace mucho tiempo, en una tarde de verano, alguien me dijo: “Fede…la vida son solo momentos”, y les puedo asegurar que esa frase aún resuena en mi memoria. ¿Qué palabra tan profunda, no? Momentos de oportunidades, de crecimiento personal, de arrepentimiento, de encuentros, de desencuentros, de presencia, de ausencia y tantos más…
Se me vienen a la mente innumerables verbos para describir esa vida cargada de momentos: intentamos, ganamos, perdemos, soñamos, esperamos, deseamos, volvemos a intentar e incluso fracasamos.
La vida no es de color de rosa para nadie…solo lo divino es conocedor de nuestro destino.
Esos instantes tan efímeros, pero al mismo tiempo tan indelebles, dejan una impronta en nuestro ser por siempre.
Sonreír, proyectar, llorar, soñar, anhelar, recrear son partes de la vida de cada ser humano.
Todos vinimos a este mundo a cumplir una misión…Como en la escuela, en algunos casos, los temas del examen, son diferentes para todos; pues así es la vida.
Peregrinar por un sendero de rosas, a veces de espinas, con la plena certeza que en esos “momentos” habrá seres que nos acompañen, que nos incentiven, que nos valoren y que nos contengan y sostengan a pesar de los avatares de la vida.
En este plano terrenal, las particularidades de esos momentos, son únicos. Como ser humano, viví momentos cargados de numerosísima felicidad, de amores intensos, mejor dicho de un amor intenso (que hace ya casi dos décadas perdura en el tiempo), momentos de dolor y tristeza, de perder todo y empezar desde cero; pero saben una cosa: es el tiempo. Sí…esa palabra de tan solo seis letras que nos acuña a todos por igual y un maestro por excelencia que nos conduce por caminos, muchas veces, impensados.
En este contexto de confinamiento, donde la vida, esos momentos, nos alientan a seguir y nos dan una superficial lección de aprendizaje: continuar a pesar de todo.
A título personal, planificar el futuro forma parte del ser humano. Sin embargo, esta Pandemia me enseñó a no planificar nada (justo a mí…), a no prometer, pero sí a vivir el día a día con nubes, viento, lluvia, sol, frío y calor.
Por ello, siempre sostengo que en las hojas del libro de mi vida, no siempre he sido el “narrador protagonista” de mi historia; a veces apareció un “narrador omnisciente”, y desde luego, un “narrador testigo”…
¿Cuántos narradores, verdad?
Sin embargo, agradecido a esos personajes que hicieron que esos “instantes” fuesen sublimes.
Aprendí que la vida, es eso: enfrentar las adversidades, afrontar la injusticia y velar por ella, crecer, pero jamás engrandecerse, ser humilde de corazón, genuino e íntegro en toda su esencia.
Al menos así, con 35 soles en mi haber, he vivido una vida, simplemente a mí manera.
Horacio Federico Schmidt