La presentación del libro Yo nena, yo princesa fue el cierre de la Fiesta de la Lectura

 

El martes se presentó en el Teatro Municipal el libro “Yo nena, yo princesa”, de Gabriela Mansilla, que relata la historia de su hija Luana, la primera niña transgénero en recibir su DNI sin judicializar el trámite.

La presentación fue el cierre de la Fiesta de la Lectura, organizada por Jefatura Distrital de Educación, Equipo de Bibliotecarios del Distrito y Dirección de Educación y Cultura, que se desarrolló durante cuatro días, con distintas propuestas.

 


La Directora de Educación y Cultura dio la bienvenida al público y a la autora del libro, y le dio la palabra al Intendente Municipal Miguel Gargaglione, quien agradeció la presencia de Gabriela e hizo entrega de un presente institucional y copia de la ordenanza que declara de interés municipal la Fiesta de la Lectura. Acto seguido habló el Coordinador del Servicio Local de Promoción y Protección de los Derechos del Niño y del Adolescente Marcelo González quien expresó que muchas veces las leyes van atrás de las experiencias de vida.

 

 

Destacó la Convención de los Derechos del Niño, y su incorporación a la Constitución Nacional luego de la reforma del año 1994, junto con otros tratados internacionales que protegen los derechos de los niños y adquirieron jerarquía constitucional desde ese momento. Anticipó que el libro trata sobre una historia de vida, que sirve para ver de qué manera Gabriela ha luchado porque se cumpla el derecho a la identidad, y subrayó la importancia de acompañar, escuchar, y entender a los chicos.

A su turno, la autora del libro, Gabriela Mansilla contó su compleja y dura experiencia, conmoviendo a todos los presentes: desde el nacimiento de sus hijos mellizos, “varones”, la identificación de uno de ellos con lo femenino, el reconocimiento de las instituciones, la entrega del DNI, y su campaña actual “por una infancia trans sin violencia ni discriminación”.

 


Mansilla relató que desde muy pequeño su hijo mostró disconformidad con el género, tenía problemas con el sueño y sufría pérdida de cabello. Que esto motivó consultas con neurólogos, dermatólogos y estudios específicos. Y que su hijo cuando pudo articular palabras dijo “Yo, nena. Yo, princesa”.

Gabriela recordó el “método correctivo de reafirmación de su identidad masculina” recomendado por psicólogos, las prohibiciones a las películas “de princesas” y a la ropa de mujer. Hasta la violencia doméstica que el tratamiento avalaba. Y las respuestas de su hijo, quien empezó a disimular, a esconderse, a tenerles miedo. Gabriela contó que, ya en el jardín de infantes, su hijo elegía formarse en la fila de las nenas y llegó a autolesionarse; contó que se mordía los brazos.

 


A partir de un documental sobre una niña trans estadounidense, en el que escuchó por primera vez la palabra “transgénero”, Gabriela pudo comprender a su hijo y luchar por su derecho a la identidad. “A los cuatro años me dijo soy una nena y me llamo Luana; su valentía me desarmó y me volvió a armar; no tiene el cuerpo equivocado, tiene el cuerpo de una niña transgénero”, subrayó Mansilla.

 


Gabriela se contactó con la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), organización de la que recibió asistencia y asesoramiento.

Luana tenía cinco años, sufría asma bronquial y su documento de varón también dificultaba la atención de su salud: “Llegábamos a situaciones de violencia mientras la nena se ahogaba”, situaciones de discriminación. En los medios, Mansilla era “la mamá loca que disfraza al nene de mujer”. “Me diagnosticaban esquizofrenia por televisión”, relató. Pero el Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI) apoyó su pedido y la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF)actuó de oficio y emitió un dictamen favorable al reclamo.

El 9 de octubre de 2013, Luana recibió su Documento y nuevo Certificado de Nacimiento. “Recordé mi promesa, no es la princesa más linda del mundo, pero el mundo se dio vuelta para escuchar su deseo”, contó Mansilla.

La historia “era para escribir un libro y yo había escrito un diario desde 2011”, explicó y destacó que “Yo nena, yo princesa” -editado por la Universidad de General Sarmiento- fue declarado de interés cultural por el Senado de la Nación y de lectura obligatoria en institutos de formación docente. Pero para Mansilla, “con el libro no alcanza”. Por eso decidió hacer una campaña y convocar a la sociedad entera para visibilizar la situación de los niños trans. Actualmente trabaja en esta campaña.

Mansilla insistió en la necesidad de que los adultos escuchen a los niños, estén atentos a sus necesidades, a sus deseos, y los acompañen, los comprendan, los orienten. Pidió que si no se podía aceptar a una persona trans, se la respete, se respete la diversidad, y se modifiquen estructuras, instituciones, pensamientos, para salir de la lógica binaria de hombre-mujer, que asocia lo femenino y lo masculino, la identidad de género, sólo a partir de los genitales.

Para cerrar, la Inspectora Distrital Amalia Cosentino destacó la valentía de Gabriela, y su lucha, y expresó que el público estaba sensibilizado, conmovido, porque su mensaje había llegado a todos.

 

 

Previa a la presentación, en horas del mediodía Gabriela Mansilla se reunió en el SUM con las direcciones municipales de Cultura y de Acción Social, el Servicio Local, Jefatura Distrital, docentes y directivos, miembros de los equipos de orientación escolar de los distintos niveles educativos del distrito, psicólogos, consejeros escolares. El encuentro sirvió para que los presentes conocieran la historia de Luana, profundizaran y reflexionaran sobre el tema. El libro es una herramienta, “un arma”, como dice Gabriela, para sensibilizar y para informar.

Prensa Municipalidad de San Cayetano.



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