Marchesín, campeón con Lanús

Agustín Marchesín inscribió este domingo una nueva página en su carrera deportiva. El arquero sancayetanense integra el plantel de Lanús, que se consagró por primera vez campeón de Primera División en el fútbol argentino. Las estadísticas indican que Marchesín tiene la camiseta Nº 29 y es el tercer arquero del “granate”, donde fue titular en la Reserva en varias oportunidades. Estuvo en la Bombonera en la consagración y dió la vuelta olímpica con el resto del plantel.

Llegó a préstamo desde Huracán de Tres Arroyos y su contrato vence en junio del 2008, aunque es con opción a compra. Precisamente en el club tresarroyense dio el salto a la Selección Nacional Juvenil y realizó giras internacionales.

Agustín Federico Marchesín: nació el 16 de marzo de 1988 y entre sus señas particulares figuran 1.88 de altura, 77 kilogramos y haber llegado a los preseleccionados juveniles una fría tarde del 10 de mayo de 2004. 

Alguna vez declaró: “Empecé en Sportivo San Cayetano y de allí pase a Huracán de Tres Arroyos. Recuerdo las recomendaciones de Gustavo Caik, uno de los técnicos que más presente tengo. Yo tenía referencias de Fillol por fotos, por los comentarios de mi familia. Nunca imaginé que cuando lo tuviera enfrente por primera vez temblaría tanto como aquella tarde. Él me enseña a ser simple, a estar siempre atento. Para cada acción el ‘Pato’ tiene una explicación. Ojalá pueda seguir asimilando sus consejos y quiera Dios que no lo defraude”. 

A los siete años en su San Cayetano natal, mientras jugaba de 9 en el club Sportivo, ansiaba con ser futbolista profesional. "Cuando empecé a jugar en San Cayetano obvio que quería jugar al fútbol, era mi sueño. Cuando sos grande te vas dando cuenta de otras cosas y no te imaginás que podés llegar.
Se hizo arquero por casualidad. "Jugaba de 9 pero en los entrenamientos me mandaban a atajar. Al técnico le empezó a gustar y me mandaba al arco, yo no quería pero bueno…ahora por lo menos me gusta". Por entonces nada podía resultarle más fantasioso que imaginarse, diez años después, practicando en la misma cancha que su ídolo: el Pato Abbondanzieri.



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