A 34 años de la última dictadura militar

“Los viejos amores que no están, la ilusión de los que perdieron, todas las promesas que se van, y los que en cualquier guerra se cayeron. Todo está guardado en la Memoria, sueño de la vida y de la historia”. La estrofa cantada por León Gieco sintetiza y retrata, lo que hoy se recuerda como el Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia. 

Lejos está de ser un feriado más o una jornada de descanso; la fecha nos obliga, como sociedad, a reflexionar para comprender nuestra propia realidad. 

El 24 de marzo de 1976, una Junta Militar encabezada por Rafael Videla interrumpió el curso de la democracia para fundar un Proceso de Reorganización Nacional que dejó miles de desaparecidos, centenares de torturados, cientos de exiliados y un país socialmente desquebrajado. Los hechos acontecidos hasta 1983 fueron desmentidos por las voces oficiales. En este sentido, Videla, ante las preguntas de los familiares, respondió que “el desaparecido es una incógnita, no tiene entidad. No está ni muerto ni vivo, está desaparecido”. ¿Qué es ser una incógnita?, ¿cómo se puede estar vivo o muerto?, ¿qué es no tener entidad? 

El plan sistemático ejecutado por el gobierno militar consistió en la persecución, el secuestro, violación, torturas, fusilamientos de personas que pensaban distinto a ellos. Aquellos considerados diferentes fueron profesores, estudiantes, escritores, sacerdotes que alfabetizaban en las villas miserias, científicos, músicos, periodistas, obreros… La represión se convirtió en moneda corriente; la censura, un billete de dos pesos. 

En los últimos años, se ha izado una bandera que anhela la verdad y la justicia: en 2006, un juicio oral condenó a Miguel Etchecolatz y Christian Von Wernich a cadena perpetua. Sin embargo, días previos a la sentencia de Etchecolatz, un testigo de la causa desapareció. Jorge Julio López aún continúa desaparecido. 

Del mismo modo, debemos reconocer que el gobierno militar no fue el único responsable de la violación de los Derechos Humanos. Su accionar fue posible debido al silencio de ciertas instituciones, medios de comunicación y políticos. Esta complicidad permitió que la Junta gobernara los designios de un país y las ilusiones de una nación durante siete años, culminando con la Guerra de las Malvinas. 

Las generaciones del presente no podemos hacer oídos sordos y la vista hacia un lado. Al contrario, debemos ser concientes y reconocer a aquellos que lucharon por ideales distintos. La memoria es lo que permite reflexionar y recordar que aquellos años oscuros hirieron al pueblo argentino y permitieron que jurásemos no repetirlo Nunca Más 

Por Licenciada Mariángeles Massa
Staff periodístico Caynet



Widget