Los tres Reyes Magos, por Viviana Arcángeli

Los tres Reyes Magos, por Viviana Arcángeli
Hoy 6 de enero, día de Reyes, vinieron a mi mente los recuerdos de los tres Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltazar. Recuerdos muy lindos de la niñez, que con ansias esperaba tanto este día.
Era una de las fechas más importantes para mí, ya que mi papá me contaba muchas historias de su niñez y los escasos recursos que tenían sus padres en esa época, donde todo era trabajo muy duro y poco, y los Reyes también los sufrían, no podían traer los regalos y a la mañana tanto él como sus hermanitas, iban a ver los regalos y les dejaban ciruelas y por supuesto se desilusionaban, eran las ciruelas de su quinta, que comían todos los días.
Ellos eran chiquitos y no entendían cuando veían que a un amiguito le habían regalado una bicicleta, que él tanto deseaba, y por qué él no podía recibir lo mismo, él me hacía los cuentos de manera que yo conservara la ilusión.
Yo a pesar de ser hija única hasta los 11 años, mi papá trabajaba muy duro en la construcción, eran épocas que no había máquinas, y todo se hacía a mano, mi mamá también siempre trabajó mucho, lavaba ropa y almidonaba, pero a pesar de eso siempre se ocuparon que llegaran los Reyes: nunca me faltó una muñeca o jueguitos de cocina o té para jugar a la “casita”.
Yo siempre valoré eso, y me conformaba con lo que ellos me traían, ya que sabía que tenían que seguir repartiendo a todos los chicos del pueblo.
Un 6 de enero cuando era muy chiquita, tendría 3 o 4 años, fueron los tres a mi casa con regalos, me asusté mucho al ver a Baltazar con esas capas largas y su voz tan grave, pero papá me tranquilizó y los invitó con una copa de sidra. De grande me enteré de que la familia Linares y Rodríguez, de La Palma, eran los encargados de distribuir los regalos, ya que éramos clientes de ese lugar.
Un día al ver a Carlitos Rodríguez, papá me dijo: “-Mirá tu Rey Mago Baltazar-”, y aunque yo ya era grande me emocioné mucho.
Por supuesto siempre había una previa, el día anterior tenía que preparar el pasto para los camellos, el 5 a la noche, papá decía: «- quédate con mamá escondida detrás de la puerta, que yo preparo las cosas y apagá la luz-«, y de ahí escuchaba a los camellos cómo comían el pasto y tomaban el agua, y también como un relincho de caballos que era cuando ya se iban y sus patas sonaban en el piso de la vereda de ladrillos.
Todo esto lo viví, por eso recuerdo con tanto cariño mi niñez y las ilusiones de los juguetes que a pesar de tener teléfonos de plástico, igual parecía que hablábamos con nuestras familias.
Nuestro “celular” fue las hermosas charlas con nuestros abuelos, tíos y primos, y las visitas que hoy se perdieron bastante.
Agradecida a mis padres que, con lo poco que podían daban mucho, principalmente amor y respeto. Por eso hoy comparto y digo: ¡Feliz día de Reyes y gracias por todo!
                                                                   Viviana Arcángeli