Virgen de Luján. Habemus Papam: LEON XIV , por Magalí Di CroceVirgen de Luján

Mi abuela Victoria fue un ser maravilloso. Como esposa, madre, abuela, ciudadana. Su paz y su calma hacían de su casa – junto al abuelo Nicolás- un hogar.

Charlábamos de muchos temas en frente a su estufa hogar, si era invierno o en el patio entre las plantas si era verano, conversábamos de política, de cosas de antes, de cuestiones sociales y de todo tipo, cuando yo le preguntaba sobre su fe, su creencia religiosa, me decía que no creía en Dios, que era atea. Me lo decía muy fresca y tranquila. Sin inmutarse. Y yo me ponía mal. Pensaba cómo una mujer tan buena, tan sana, tan generosa, donde siempre en su casa había un plato más para quien llegara, querida por todos, que no hablaba de los otros, cómo podía decir que no creía en Dios, me dolía de solo escucharlo.

Ella tenía colgando de su cuello una hermosa y grande medalla de la Virgen de Luján de oro, y tenía también la imagen de la Virgen de Luján en su mesita de luz, y solía regalar esa imagen.
Yo no entendía.

Un día, en nuestras charlas, me contó que cuando tenía cinco años, le tomó escarlatina, era el año 1905…los niños se morían de esa enfermedad, pero su madrina le rogó a la Virgen de Luján por su vida, y se salvó. Su madrina cumplió con la promesa que le había hecho a la Virgen: si la nena se salvaba la vestiría durante todo un año con los colores de la Virgen de Luján.

Así ella, mi abuela atea, amaba a la Virgen de Luján.

Y me fui dando cuenta de que la fe es un misterio, que nadie puede juzgar la fe de otro -aún cuando a sí mismo se llame ateo-, me fui dando cuenta de que la Virgen busca la manera de llegar a nuestro corazón, me fui dando cuenta de que mi abuela, aunque no se había enterado, tenía fe, y que María, seguramente la habría llevado de su mano a encontrarse con Jesús cuando partió de este mundo, y que le habría mostrado a Jesús, que su vida fue una vida que encarnó los valores que nos enseña el Evangelio.

Hoy rezando el Rosario pensé mucho en ella y en su amor a la Virgen de Luján. Ella no rezaba. Pero su vida sencilla y servicial, era una oración viviente.

La Virgen de Luján es la Patrona de nuestra amada Patria, ella eligió quedarse junto al Río de Luján.

Nada en casualidad en la vida de fe, hoy Virgen de Luján, el Espíritu Santo nos ha dado un nuevo Papa LEON XIV, norteamericano con raíces latinoamericanas.

Bendito sea Dios

Qué la Virgen María, en todas sus advocaciones, proteja a nuestro nuevo Papa, en la ardua tarea que le espera, y que nosotros, los católicos, el pueblo de Dios, seamos capaces de rezar cada día por él y nuestra amada Iglesia, siendo constructores en nuestros espacios de un mundo mejor, más justo y más humano….

MAGALÍ DI CROCE

Fuente:

Blog INTRAMUROS DE SAN CAYETANO , por Magalí Di Croce



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