
Al cumplirse un año más de la desaparición física del sancayetanense José Luis Suárez, creemos necesario practicar el ejercicio de la memoria. El “Flaco” fue secuestrado en La Plata, donde estudiaba Educación Física, el 9 de junio de 1977, en plena dictadura cívico-militar.

José Luis no tuvo esa sola desaparición, ya que sistemáticamente le fueron negados homenajes, la imposición de su nombre a edificios, calles o instituciones. Después de mucho tiempo, se le inauguró un monolito en Plaza América, junto a la plantación de un árbol que lo recuerda públicamente.

Porque los que lo quieren lo recuerdan cada vez que Independiente juega al básquet, que un pibe estudia Educación Física, o cada vez que se lo menciona al acercarse el 24 de marzo. Cuando la militancia política era mala palabra, y lademocracia hacía malabares para sostenerse, muchos le dieron la cara más fácil, la de la indiferencia y el olvido.

Por eso, como medio de comunicación sancayetanense, debemos recordar que la infame dictadura cívico-militar se llevó un vecino, un joven con sueños truncos, “chupado” por pensar, algo que los adolescentes de hoy tienen como privilegio.
Como era costumbre, la Policía colaboró con las Fuerzas Armadas, y en un acto de cobardía se robaron todo lo que había en el departamento, hasta la heladera y la carne adentro. Según se pudo saber, lo secuestraron junto a tres estudiantes más: Luis Dimattia, Neco Zaragoza y Juan José Riqueza.

Omar Parrachini, otro “Flaco” del pueblo, recordaba en el sitio web del Club Independiente a José: “…El Flaco era uno de los mejores jugadores de ese momento en el club y estaba estudiando en La Plata, viajaba todos los fines de semana a jugar y lo iban a buscar a Gonzales Cháves en auto con Rubén Más. Un viaje se encontraron que no había ido en el colectivo y se volvieron “recalientes” a San Cayetano y para sorpresa, se lo encontraron en el club.

José Luis les contó que cambió de ruta porque lo estaban buscando y se sentó a hablar con ellos de lo que estaba pasando, les dijo que él no tenía nada que ver – “yo no pongo bombas ni pego carteles” – y cuenta el flaco que Rubén le decía que se quedara en San Cayetano, y él le contestó: – “ no porque me agarran acá o me agarran en cualquier lado”. Ese fue el último viaje que lo vio…”

Tenemos la obligación moral de mencionar a José Luis cada 9 de junio. Por Silvana, su hermana, sus sobrinos, sus amigos y porque él fue uno de los 30 mil desaparecidos. ¡Memoria, Verdad y Justicia!
